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Las Grañeras 

 
Como ya hemos señalado, los pueblos que en estas comarcas no son denominados en su origen como villas, se puede sospechar que existían antes de la repoblación de los siglos IX-X, y que pudieran pertenecer a la época romana o tardorromana. Ese es el caso de Grañeras.
Documentalmente no podemos demostrar el juicio que emitimos, sin embargo sí es evidente que, sin ser un monasterio o iglesia, existió ya en la primera mitad del siglo X, y la documentación sobre ese poblado es muy abundante particularmente en esos años: en el año 943 Olimundo y su mujer Ilduara donan al Monasterio de Sahagún toda su heredad en Villa Elías y en Castro de Iuvara (despoblados próximos a Grañeras), y entre los testigos que firman la concesión se hallan los siguientes: «De Villa Graniera: Valite, Azeia, Imbla, Halafe, Nazar, Quintilla, Ahe y Scekar» (Los nombres de los testigos son raros, como se ve; también es raro que al pueblo se le llame «Villa».               
Escalona no lo transcribe íntegro y hace notar que todo el documento está muy borroso, y es muy difícil de leer. Creemos que la copia que tenemos está tomada del Becerro de Sahagún, que es ya del siglo XI).
En el año 950 (ó 960) Alvaro Vélaz da a Sahagún su «Villa Maior, in Val de Iuvara». El original no menciona a Grañeras, pero el Becerro encabeza el texto con este epígrafe: «Testamentum de Alvaro Vélaz de hereditate sua de Granneras.
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Sería largo reseñar todos los diplomas en los que aparecen alusiones a Grañeras; solo en el año 965 hay una docena, casi todos se refieren a la villa más importante del Páramo al oeste de Sahagún, llamada «Valdefresno», desaparecida, pero que lindaba con Grañeras.                                                                              
Las referencias a ella se expresan en los términos siguientes: «Graniaria» (5 veces), «Villa de Granaria» (1 vez), «Grannera» (1 vez) y «Granneras» (5 veces).
Son muy significativas dos cartas del año 971, dadas por el rey Ramiro III y su tía Elvira, por una de las cuales conceden al Monasterio de Sahagún las «Villas Granarias [...] cum suos solares, curtes, casas, tectis, edificiis, lagares, terris, vineis, etc.», que llegaba hasta el monasterio de San Juián de Fuentes (del Payuelo); y por la otra, les conceden su propia casa en
el lugar de Fuentes, y la villa de Domna Matre, allí lindante.        
Según esto, las Villas Granarias eran por lo menos dos, y llevaban consigo las casas y tierras que suponían un complejo bien organizado para la agricultura.

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A la muerte de Alfonso VII, cuando su hijo Fernando II heredó el reino de León, para ganarse a los monjes de Sahagún, en el año 1175 les da toda heredad que él tenía en «Graneiras con la mitad de la iglesia de San Juan».
Los derechos de esta iglesia los tuvo el Monasterio desde entonces y fueron confirmados por los Papas Alejandro III, Celestino III y otros.
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El parroquial de León nos aclara más detalles en lo tocante a lo eclesiástico (Arcp. de las Matas de Cea, nº 39: 503): En Graneras ha II (dos) iglesias: Sancta María. Del Camarero de Sant Fagundo. Da IIII sueldos en procuración [...] E Sant Iohan, da II maravedís en procuración [...] E Martín Ioannez, que es prestamero, lieva la terçia del pan e de las otras cosas de ambas iglesias.
Desde mediados del siglo XIII el poblado de Grañeras empieza a tener más protagonismo como entidad civil que como feudo eclesiástico: en 1255 el abad de Sahagún se tiene que enfrentar con el Concejo de Mansilla que le había puesto un pleito en relación con la cuantía que debían pagar los vasallos que tenía el Monasterio de Sahagún en el Burgo Ranero, Grañeras, Aulinos y Sobradillo, así como sobre la forma y la cuantía que debían imponer los merinos del Monasterio en esos citados lugares.                              
En 1261 hubo un nuevo pleito entre Nicolás Martín, de la iglesia de León, y el camarero del Monasterio de Sahagún, por cuestiones sobre la iglesia de San Juan de Granneras. En 1296 el rey Fernando IV y su madre D.ª María de Molina donan la aldea de Grañeras, que era del mayordomo del rey en Mansilla, a los hermanos Alfonso Díaz y Gómez Díaz, por el servicio que le prestaron en el cerco de Mayorga, en una de las revueltas que hubo en la minoría de edad del rey.
Otros apuntes sobre Grañeras. 

                                      
Uno, en 1324, el 13 de octubre de ese año, en la villa de Mayorga, se expide el título de colación a favor del clérigo Bartolomé Pérez, de Bercianos, que es presentado para la iglesia de Santa María de las Granneras. Y otro, el año 1465, el 1 de agosto, cuando buena parte de los nobles se levantaron contra el rey Enrique IV,  y montaron la llamada «farsa de Ávila», en la que hicieron la pantomima de deponerlo de los atributos reales y arrojarlo a puntapiés del trono; y, como todo estaba sin dueño, entonces el Almirante de Castilla ordena a todos sus subordinados que ofrezcan tropas a su criado Diego de Castrillo, para que guarde y defienda su Villa de Mansilla, y sus casas y lugares de Villapadierna, La Vega y Las Grañeras.         
Esta zozobra fue acabando al subir al trono Isabel I de Castilla. En el siglo XIX no estaban mejor las cosas. Pero para entonces Grañeras no dependía ya del Almirante de Castilla, sino que era un lugar libre, anejo del ayuntamiento de Bercianos; tenía 70 casas, 58 vecinos, 280 habitantes, escuela con 50 niños, que daban al maestro una pequeña retribución; su iglesia seguía teniendo por titular a San Juan Bautista, y había allí una ermita dedicada a la Santa Cruz.             
Los medios de subsistencia dependían de la agricultura, naturalmente incluido el vino, de la ganadería y de la caza menor.
El topónimo «Grañeras» (<granarias) significaba ‘graneros’, cosa natural en aquellos siglos en los que los monasterios eran las entidades dominantes, y ellos eran los organizadores de la explotación de las tierras, cuyos frutos eran principalmente los cereales (trigo, centeno y cebada) que debían ser guardados en graneros, como consta que lo había en el Monasterio de Sahagún, en Villanueva de San Mancio, en Villafrades y en otros.
 
Fuente: Asociación Cultural Balle de Scapa
 
Joarilla de las Matas
Los colonizadores del siglo X en esta zona avanzaban de Norte a Sur, antes de que el Monasterio de Sahagún llegara a ser aquí dominante.
La toponimia así nos lo dice: el nombre de «Joarilla», en diminutivo, supone que antes hubo otro poblado que se llamara «Joara», de mayor importancia.           
En efecto, existió más arriba otro poblado, acaso desde la época romana, que se llamó «Castrum de Iubara», del que hablaremos más tarde.
En Joarilla tuvieron posesiones nada menos que tres monasterios poderosos: el de Sahagún, el de Vega y el de Gradefes. El Monasterio de Sahagún obtuvo en 1078 la mitad de Iubarella, por donación que le hizo Armentero Vélaz, fiel servidor de Alfonso VI; en 1136 Alfonso VII, para reparar los daños causados a los monjes en tiempos de su madre D.ª Urraca, les devuelve 20 aldeas, entre ellas: «In Iuvarella, totam meam portionem», y en 1144, el mismo Alfonso VII dona a Martín Pérez la mitad de la villa de Joarilla (que después fue a parar también al Monasterio de Sahagún.                                                                                
El Monasterio de Vega ya desde sus primeros tiempos (año1125) tuvo como suyas las villas de Villeza, Suvarella, Villarazmiel y otras; y en 1172 vuelve a recibir nuevas donaciones «in Valdespino et in Juvarella».Y sin ser del Monasterio, sino de la villa, los vecinos del pueblo aparecen como testigos en cartas monacales de los años 1234 y 1324, según consta que eran: «Homines de Juvariella/Homines de Joariella»                                                                       
El Monasterio de Gradefes alcanzó numerosas posesiones en el Cea medio y no hizo menos en Joarilla: En 1194 recibió un solar «in villa que vocitant Iuuarilla»; su abadesa acepta donaciones los años 1221 y 1222 en Villa Gaian, en San Miguel y en Iuvariela. Finalmente, en 1260, se vende una viña en Iuarela, viña que pronto fue a parar a la posesión del Monasterio, según consta en los archivos.
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El parroquial leonés del siglo XIII coloca su iglesia entre la de San Miguel de Montañán y la de Valdespino, y la define en estos términos (Arcp.de las Matas de Cea, nº 34: 501): «En Iuarella, Sancto Thomé. De Monester de Vega e de Gradefes. Da terçia al prestamero Martín Martínes [...], e lo al, lievan los padrones (los monasterios dichos), e ávense con el clérigo».                       
No la tenemos registrada en el Becerro de Behetrías.
En el siglo XIX Madoz da los datos siguientes: era cabeza de ayuntamiento, al que pertenecían Valdespino y San Miguel, y entonces también Albires; tenía 84 casas, escuela a la que asistían 60 niños y niñas, y estaba dotada con 20 fanegas de trigo; la iglesia estaba dedicada a Santo Tomás Apóstol, y presentaba el párroco D.ª Rafaela Flores Acebedo, señora del lugar, y había además una ermita del Santo Cristo del Humilladero.                                           
Las producciones de su suelo eran las normales en la zona; entre la caza, menciona los gansos, y en la industria solo cuenta a los tejedores de lana.
El nombre de «Joarilla» (como el de «Joara») admite varias etimologías: podría provenir del latín suerius ‘zapatero’, como «Suero», «Suárez» y «Juárez»; o tal vez sea una variante de iugaria, iuveria (servicio de labranza que hacía el iuvero para su señor).
El sobrenombre «De las Matas» era la denominación de toda esa comarca que iba desde el Coto de Sahagún hasta el Esla, la cual en tiempos hubo de estar muy cubierta de monte y matorral.
Fuente: Asociación Cultural Balle de Scapa
 
 

 

Grajal de Campos

Contexto histórico y Judería

Su nacimiento e incorporación a los destinos generales del reino pueden verse sobre la villa de Cea, a la que inicialmente estuvo unida en la titulación señorial.

Omitimos deliberadamente su epósidica significación en el reinado de Alfonso III y la que logró, con mayor estabilidad, en los días de Urraca Alfónsez y, poco después, bajo la jurisdicción de Sancha Ramóndez.

Cobró nuevo realce en la contienda castellano - Leonesa viniendo a constituirse en un importante señorío, que Fernando II cuido con especial interés estratégico, durante su reinado veremos está tenencia en manos de los más importantes personajes cortesanos.

Así, el 31 de marzo de 1162, Fernando Rodríguez de Malgrat tenía Grajal, Gutierre Fernández a Cea y Don Ponce a Melgar. Unido al de Cea, lo hallamos jugando un papel político en la contienda dinástica de Pedro I y Enrique de Trastámara, bajo el poder de Juan Alfonso de Alburquerque.

Y, finalmente en el siglo XVI lo hallamos constituido en título nobiliario que se dio a Hernando de Vega, comendador mayor de León en la Orden de Santiago.

También poseemos constancia de las violencias cometidas por el Conde de Grajal en 1454 contra los vecinos de Sahagún, motivando por ellos el rescripto de Nicolás IV, que encomendo a varios jueces la excomunión del conde.

Monasterio de San Pelayo de Grajal

La documentación de Sahagún nos ha perpetuado la memoria de un antiguo monasterio de San Pelayo en Grajal. El año 988, 5 de marzo, el presbítero Florencio, monje de este monasterio, disponía bienes a su favor.

Treinta seis años después vemos al monje Florencio constituido en abad del cenobio, y a su favor otorgaba Vermudi III (1034) algunos bienes.

Vela Armentariz da al monasterio de San Pelayo en Grajal y a su abad Florencio toda la heredad de Villa Vimara. Las menciones documentales se pierden, e ignoramos si el viejo monasterio tiene algún entronque histórico con el monasterio de Santa Cruz, que fue primeramente de franciscanos alcantarinos, después de carmelitas descalzas y hoy en día, cerrado.

La Judería

La indudable importancia de esta aljama hebrea resulta acreditada más por las cifras de los repartimientos tributarios que por la documentación.

En la documentación del Archivo Histórico de Simancas, se conservan textos, en la que concerniente al hebreo Saqué, en un documento de 26 de mayo de 1068 como dueño de un terreno sito en Grajal lindante con una viña dada a "Domnos Sanctos" y su abad Gonzalo.

En la tributación general, de los judíos del Reino, la aljama de Grajal en el año 1450, paga 2200 maravedís, que se mantiene en los dos siguientes y desciende a "1488 maravedís en 1453".

En los años 1472 y 1474, "El aljama de Grajal e syn los judíos de Melgar, cuatro millones. maravedís".

En 1492, el hebreo Yuda Bueno, vecino de Grajal, denunció a los vecinos Diego y Juan Santos, quiénes habiendo comprado una casa al hebreo, ahora se negaban a pagar su importe.

Para ornar racionalmente su cálculo, decían ellos que, por tratarse de bienes judíos, estos no pertenecían a ellos, sino al patrimonio de los Reyes o al de Juan de Vega.

La reclamación del hebreo hallo la justa acogida, y mediante orden expedida en Valladolid el 4 de junio y conminaba a Diego y Juan Santos para que pagarán al hebreo.

Fuente:Asociación Cultural Balle Scapa

EL COTO

MONASTERIO DE SAHAGÚN

Alfonso III al restaurar el Monasterio de Sahagún, tras haber sido demolido por las tropas musulmanas, concede a los monjes el mismo lugar donde se levanta el edificio, con todas las dependencias a él anejas, casas, tierras, huertas y molinos.

Además les otorga un coto, o sea una superficie notable de terreno alrededor del Monasterio dónde el Abad ejerce su jurisdicción, con exclusión de la potestad Real y episcopal.

Los límites que demarcan el coto en el documento real, están definidos en puntos fundamentales, pero sin detallar bien la línea divisoria. Por el oriente la línea media entre el río Cea y el Araduey, por el occidente, al otro lado del Cea, toda la extensión dónde solía descansar nuestro ejército en el Valle que llaman "de Eiscione": al mediodía desde el camino que va de Grajal a León y llega al Valleratero, hasta la parte más alta que pertenece a vuestro Monasterio, y por el norte desde el término de Trianos hasta la heredad nuestra, que está apartada del Monasterio".

El coto así marcado tendría unos ocho km de Norte a Sur, y doce de este a oeste, los reyes lo protegieron, entre otros Ramiro II y Fernando I, pero más tarde, no todos los vecinos lo respetaron. Fue cuando el rey Alfonso VI, manda restituir el coto y el señorío de él.

Los linderos ahora son los siguientes: Por el oriente el término lo delimitan el puente de la calzada que va a Moratinos, y se dirige a Val de Severo y al Otero de los Pastores y tuerce por el límite de Santa Elena hacia Grajal.

Por bajo de Santa Engracia, hasta el Valleratero (entre Calzada y Bercianos), por el Poniente, por el Valleratero hasta Villa Ambrín y Perales y al Mojón o Mito, y desde aquí a Ferreruelos y Santa Colomba y termina en Trianos hasta San Esteban en el Araduey.

Para la toponimia se ha perdido la localización, en la parte oriental de Val de Severo, Otero de Pastores y Santa Elena, estás tenían que estar en las lomas que separan el Cea y Araduey, entre la carretera de Moratinos a Grajal.

Estos límites permanecen fijos durante el siglo XIII, según las Bulas Pontificias de confirmación del Coto, dadas por Alejandro III en 1161 y por Celestino III en el año 1194.

 

Fuente: Asociación Cultural Balle de Scapa

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