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VILLAMUÑIO

El nombre mismo nos dice que recibió su denominación del nombre propio «Munio», abundantísimo en toda la Edad Media, cosa distinta es tener una pista sobre quién fuese el personaje mismo.

El poblado de Munio es conocido, como ocurrió con el Burgo, como uno de los linderos que, en el cartulario del Monasterio de Gradefes, se dan a la villa de Quintanellas del Páramo, que fue la posesión más productiva del citado cenobio.

La secuencia de nuestro nombre es la siguiente en esos diplomas: En 1130, «Villa Mumnio»; en 1173, «Villa Muniu»; en 1193, «Villa Monio»; y en 1194, «Villamonio». Se tardó mucho antes de llegar a la forma actual de «Villamuñío».

Dejando a un lado las citas como poblado lindante, se habla del nombre directamente en el año 1136, cuando el rey Alfonso VII, puestos en paz sus dominios, y expulsados de Castilla los invasores aragoneses de Alfonso I, el Batallador, se puso a reparar los desafueros que se habían cometido en tiempos de su madre D.ª Urraca.

Como entonces se le habían arrebatado al Monasterio de Sahagún multitud de villas, ahora Alfonso VII se las devuelve, y entre otras muchas le devuelve, en esta zona, la Villa Lil, que se llama Mansilla, con sus 20 aldeas, entre las que se cita a Quintanellas del Páramo (desaparecida pronto), «et Villa Munio, ambas por completo»

En el año 1174 Urraca Gundisalvi, con su marido y su hijo, y con el consentimiento de su hermano el conde Gómez Gundisalvi, dona al Prior y a los hermanos de San Miguel de Escalada (cerca de Mansilla) la heredad que ella tenía en Villa Muniu, aunque existía una dificultad para la donación y era que la heredad que se donaba estaba empeñada en la cantidad de cien maravedíes, y los monjes de Escalada tendrían que desempeñarla, para hacerse dueños de ella. La desempeñaron, y además unos años más tarde, en 1198, se la vendieron a las monjas de Gradefes en 120 maravedíes, con la correspondiente ganancia..

Ya en el siglo XIII conocemos algunos detalles de la iglesia parroquial de Villamuñío (Arciprestazgo de las Matas de Cea,):

En Villamonnio, Sancta María. De Gradefes, de Santnoval (Monasterio de Sandoval), de la Condesa de Arroyo, e de Sant Marcos [...] E la Condesa lieva todo el pan (trigo), e no solía levar, e sirve per capellán; e Santnoval, IIII estopos; e Gradefes otrosí, e sirve per capellán.

Aparece aquí la iglesia de Santa María, pero en los ingresos que generaba tenía la mayor parte de la Condesa de Arroyo (que nos es desconocida) y los monasterios de Gradefes y de Sandoval, que llevaban cada uno cuatro estopos (medida de trigo).

Más complicado estaba el derecho de presentar al cura párroco, en lo cual intervenían Gradefes, Sandoval, la Condesa de Arroyo y San Marcos de León. Suponemos que lo ejercerían rotativamente.

Tan complicado era ese asunto del cura párroco que en el año 1278 hubo que hacerlo con unos determinados trámites. D. Martín Johannes, arcediano de Cea, pero que estaba en la Catedral de León, recibe de la abadesa de Gradefes el encargo de presentar para cura párroco al clérigo D. Nicolás con derecho a percibir el tercio de los diezmos de la iglesia de Santa María de Villamuñío, pero con una condición, a saber: «que la more y la sirva, respetando los derechos de los patronos y de la Catedral de León»

La condición expresada significa que el cura Nicolás tenía la obligación de vivir en el pueblo y servir a la iglesia. ¡Bien exigido! Porque en aquellos siglos era normal el abuso de aceptar un cargo para gozar de todos los beneficios, sin cumplir con las obligaciones

En el siglo XIX Villamuñío no estaba en sus mejores momentos. Entonces pertenecía al ayuntamiento de Bercianos, tenía solo 38 casas, 34 vecinos, 128 habitantes; había en el pueblo una escuela y una iglesia, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, y el derecho de presentación del párroco correspondía al Marqués de Alcañices.

Su gente vivía de la agricultura, correspondiente a unos terrenos pobres, y de la ganadería. La industria que se le reconoce era solo algún telar de lino y de estameña. Digamos que en el siglo siguiente la población aumentó más del doble de lo que dice Madoz; su nivel de vida mejoró notablemente; sus fiestas fueron célebres en la comarca, y sus jóvenes formaban equipos de pelotaris que hacían raya en los frontones de todo el contorno.

Digamos, finalmente, que el nombre «Munnius», que forma el topónimo, deriva del prerromano munno ‘colina, otero’, que pasó a usarse como nombre de persona desde la época romana, y se extendió por toda la Península bajo las variantes «Munnus», «Munnius» (y en femenino «Munna») de donde salieron los patronímicos «Muñiz» y «Muñoz»

Fuente: Asociación Cultural  Balle de Scapa

 

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