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AGLOMERACIÓN |
FUERO |
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El Burgo Ranero Castroponce Villalpando Mayorga Mansilla Valencia de D. Juan Molina Seca Bembibre Roales Ardón Bolanos Puebla de Sanabria |
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M. de Sahagún M. San Pedro Dueñas Fernando II Fernando II Fernando II Fernando II Obispo Astorga Alfonso IX Alfonso iX Alfonso IX Alfonso IX Alfonso IX |
La atribución de localidades al Reino de León se ha hecho atendiendo a los avatares en en la frontera común en el período (1157-1181). La primera fecha corresponde a la muerte de Alfonso VII, que repartió sus dominios entre sus hijos. La segunda al tratado de Medina de Rioseco que clausuró cierta fase de las reinas entre ambos reinos.
LA LEYENDA DEL BURGO RANERO
Un sabio peregrino pasaba por el pueblo denominado El Burgo Ranero. Este se encuentra a las orillas de una laguna y según la leyenda de sus aguas salían malos olores y se escuchaban cientos de ranas y sapos. Era tal el temor y la repugnancia que provocaban las oscuras aguas de la laguna, que los vecinos más adinerados tenían sus casas lo más alejado posible de la laguna, dejando a los que eran más pobres a las orillas de ella.
El peregrino llevaba ya muchos kilómetros caminando y estaba cansado, anochecía cuando llegó al pueblo que estaba celebrando la víspera de San Juan y preguntó a un niño dónde buscar cobijo esa noche. El pequeño le indicó que debido a la fiesta y la hora, el único sitio en el que podía quedarse era su casa, pero le advirtió de las inconveniencias ya que su casa estaba al lado de la laguna. El peregrino sonrió y no dando importancia a cuanto el niño contaba, se hospedó en ella.
A la mañana siguiente, el peregrino se levantó temprano y el niño también madrugó para ofrecerle desayuno a su huésped, pero se dio cuenta que no tenía nada para darle, y entre sollozos se lo hizo saber.
El peregrino le dijo que no se preocupara y extrajo de su zurrón una hermosa manzana que entregó al niño. Sorprendido por el hecho de que le diera la manzana, quedándole aún tanto camino por delante, se despidió y le dijo que cuando terminara de comer la manzana, arrojase el corazón al lago para que éste absorbiera todo lo malo que había en la laguna.
El niño se quedó extrañado sin entender nada. Se comió la manzana mientras se acercaba a la orilla y cuando la acabó, tiró el corazón con mucha fuerza al centro de la laguna. El niño empezó a ver como desde donde había caído el corazón de la manzana empezaba a emanar un color más claro del agua, como si esta se estuviera limpiando y purificando.
Fuente: Asociación Cultural Balle de Scapa
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