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El Monasterio de Sahagún

(BIC) .- LA METRÓPOLI DE LA ESPAÑA CLUNIACENSE

Capítulo I. Desde la fundación hasta la reforma.
Capítulo II. Desde su anexión a la congregación de Valladolid, hasta su desaparición.

 

Video.   Maqueta

Sabido es que en el Reino de León y en tiempo aun en toda Castilla, no hubo monasterio tan celebre como el de Sahagún, por su importancia en la propagación de la observancia cluniacense y por su irradiación espiritual y cultural en todo el antiguo Reino de León. Sin embargo y a pesar de su importancia, el monasterio espera todavía su historiador, pues aunque tenemos algunas historias impresas estas no van más allá del siglo XVII y los estudios que se han hecho modernamente se refieren a aspectos particulares y a épocas concretas de la historia de esta celebre abadía.

Nosotros nos vamos a limitar aquí a esbozar su historia desde la fundación del monasterio hasta su incorporación a la Observancia Vallisoletana a finales del siglo XV.-


Escudo del abadengo, tallado en piedra

FUENTES MANUSCRITAS E IMPRESAS PARA LA HISTORIA DEL MONASTERIO DE SAHAGÚN.

 Antes de decir nada sobre la historia del monasterio de Sahagún, veamos de que fuentes manuscritas e impresas contamos para poder esbozarla.

Después de la exclaustración de 1835 en que los monjes tuvieron que abandonar el monasterio, la casi totalidad de los documentos de su antiguo y abundante archivo, pasaron al Archivo Histórico Nacional de Madrid, donde todavía se guardan hoy. De éste fondo documental monástico-sahaguntino tenemos un índice publicado por V. Vignau (1) en 1874, que ha sido de gran ayuda para los investigadores. Según éste índice (que es un verdadero catálogo) el fondo documental de Sahagún que se guarda en dicho archivo consta de 1723 documentos, de los cuales 355 son cartas y privilegios reales, 206 bulas y breves pontificios y los restantes, compras, ventas, donaciones, permutas, arras, documentos eclesiásticos y algunos cartularios, becerros y registros. Los monjes los tenían distribuidos en dos grandes secciones. En la primera colocaron los privilegios y gracias reales y apostólicas y en el segundo todos los demás, debidamente clasificados por orden alfabético de los pueblos o monasterios a que se referían. La mayor parte de esta labor de catalogación se debió al erudito archivero Fr. Juan Benito Guardiola (+ 1600) (2), que también escribió una Historia del monasterio de San Benito el Real de Sahagún (BH Ms. 12882) y el Libro de los bienhechores desde monasterio de Sant Benito el Real de Sahagún (BN Ms.1519), que quedaron manuscritos y que hoy se guardan en la Biblioteca Nacional de Madrid. Estos manuscritos del P. Guardiola tratan de la historia del monasterio desde su fundación hasta finales del siglo XVI, la documentación del AHN se refiere a un periodo que va desde el siglo X hasta el XIX. El fondo está dividido en tres secciones: La primera (3), que es la de documentos reales, es una colección de donaciones, gracias y mercedes, concedidas por los reyes al monasterio, descollando entre todas la de Alfonso VI en que le concede el privilegio de coto (10 de Mayo de 1.079) y el de D* Urraca, a quien debió Sahagún el derecho a labrar moneda propia (15 de octubre de 1116) y la de Alfonso VII que le hace donación de los judíos de la villa en calidad de vasallos (5 de marzo de 1152).

La sección de documentos eclesiásticos comprende varias sentencias, nombramientos y presentaciones de beneficios, estatutos y ordenanzas de comunidades religiosas y algunas bulas de no escaso interés, entre las que sobresale la de Gregorio VII que toma bajo su protección y amparo al monasterio de Sahagún, eximiéndolo de toda jurisdicción eclesiástica y civil (1083) y otras que confirman las donaciones hechas al monasterio, que temía siempre no le fueran usurpadas sus propiedades y derechos, cosa muy frecuente en aquellos tiempos de la baja Edad Media.

La sección de documentos particulares, muy abundante por cierto, es interesante para conocer las costumbres judiciales, las monedas, pesas y medidas que usaban, los objetos domésticos, atribuciones de cargos públicos, etc., y muy importante para conocer la geografía de la Edad Media, porque en éstos documentos se hallan más de 1000 voces referentes a pueblos, villas y lugares, parte de las cuales ya no existen o han cambiado los nombres y modificado los limites por el uso; por eso también es importante para conocer la formación del habla castellana y para la paleografía española, por la variedad y multitud de letras, signos, sellos y miniaturas.

En una palabra, apenas puede hallarse colección diplomática más rica para el estudio de la civilización castellana de la Edad Media, ni que mayor número de datos arroje para iluminar la historia de aquellos siglos todavía mal conocidos.

A estos documentos manuscritos habría que añadir los fondos documentales que conserva el monasterio de Silos, en su sección de documentación procedente del antiguo Archivo de la Congregación de San Benito de Valladolid.

En cuanto a las fuentes impresas, tenemos las historias parciales del monasterio, publicadas por Fr. Prudencio de Sandoval en su obra: Primera parte de las fundaciones de los monasterios del glorioso Padre San Benito, que los Reyes de España fundaron y dotaron (Madrid 1601) (5), y Fr. Antonio de Yepes en su Crónica General de la Orden de San Benito III (Irache 1610) (6) y la más moderna y documentada del P. Romualdo Escalona ( que fue monje del mismo monasterio y pudo ver los documentos del archivo del mismo antes de su dispersión) titulada Historia del Real Monasterio de Sahagún, sacada de la que dexó escrita el Padre Maestro Fr. Joseph Pérez (Madrid 1782). Esta última obra recoge en apéndice una historia inédita y anónima del monasterio hasta 1255 y la trascripción de 327 escrituras auténticas del archivo del monasterio. Es una obra fundada enteramente sobre los fondos documentales del monasterio que recoge la historia del mismo desde su fundación hasta 1500 y en un verdadero arsenal de datos.

Después, casi en nuestros días, se han publicado diversos trabajos sobre aspectos y épocas concretas del monasterio (7), pero hasta hoy ningún historiador nos ha dado una historia completa del mismo, desde su fundación hasta su desaparición en 1835.

Basados en ésta documentación antigua y moderna, veamos ahora, aunque sea someramente, la fundación (antigua y moderna) y vicisitudes del monasterio hasta su incorporación a la Congregación de Valladolid.


Portada jónica abadía

Desde la fundación del monasterio hasta la reforma cluniacense

El monasterio de Sahagún está situado en la región váccea, es un lugar donde se extiende una dilatada vega, regada por el Cea y el Araduey y cruzada por la antigua calzada romana, llamada mas tarde camino francés o de los peregrinos.

Según una piadosa tradición, que refieren todos los historiadores antiguos, en tiempos de Diocleciano regaron con su sangre esta tierra los mártires Facundo y Primitivo, hijos de S. Marcelo y de Sta. Nona, que tras ser arrojados en aquel lugar, donde primero se veneraron en una pequeña capilla que luego se transformó en monasterio.

Esto es lo que dice la tradición. Lo que nos dicen los documentos que conservamos es lo siguiente: Parece que en el lugar del actual monasterio había una iglesia que servia de parroquia a los pocos vecinos del lugar, en la cual se veneraban los cuerpos de los santos mártires Facundo y Primitivo, los cuales dieron nombre al lugar, que primero se llamó Domnos Sanctos y luego Safagund y Sahagún, nombre derivado a todas luces del nombre del primer santo mártir Facundo.

Alfonso III el Magno a finales del siglo IX adquirió esta iglesia parroquial para que fundaran junto a ella un monasterio, el abad Alonso que con su comunidad venia huyendo de la persecución que en Córdoba se había decretado contra los cristianos, por parte de los árabes que dominaban aquellas tierras andaluzas. Parece ser que el monasterio fue fundado pues, hacia el año 872, aunque fue destruido por los moros en el 883 (8). Sin embargo, el primer documento escrito que tenemos es del tiempo de Alfonso III, que el 22 de Octubre de 904 dona al abad Alfonso la villa de Calzada (9) y ya supone fundado el monasterio.

Agrupándose alrededor del monasterio, en humildes albergues, gentes extrañas de lejanas tierras construyeron el burgo de Sahagún al que Alfonso VI en 1085 concedió los honores de villa y otorgó fueros bajo la inspiración del monje cluniacense D. Bernardo. Porque en el reinado del conquistador de Toledo Alfonso VI por iniciativa de su esposa Dª Constanza, que era francesa y que deseaba implantar en Castilla el estilo de vida y la liturgia romana de Cluny, vinieron los primeros monjes enviados por San Hugo de Cluny a reformar el monasterio y a instaurar la observancia según el modo que se observaba en aquel monasterio borgoñón.

Ciertamente que debía ser concedida la regla de San Benito, pero de hecho no nos consta que la comunidad viviera bajo la misma, toda vez que la liturgia era la del rito hispano, la mozárabe y precisamente la innovación en materia de observancia y de liturgia hizo que la comunidad de Sahagún no aceptara al que Cluny había puesto por primer abad, a D. Roberto, el cual no estuvo más que un año al frente del monasterio de Sahagún, concretamente desde 1079 a 1080.

Con la implantación de la observancia cluniacense, pues, el 10 de mayo de 1079, el monasterio tomó nuevo auge y así en el abadiato de D. Bernardo (1080-1088), que luego fue el primer arzobispo de la Toledo reconquistada, el monasterio llegó a su máximo de esplendor e irradiación.

El monasterio aumentó el número de monjes, de prioratos sujetos y de bienes y alcanzó indiscutiblemente la primacía entre todos los monasterios del Reino de León. El cenobio fue favorecido grandemente por los reyes y los nobles que con sus muchas donaciones acrecentaron grandemente el patrimonio monástico, de tal manera, que solo en tiempo de Alfonso VI tuvo mas de 2000 bienechores. El patrimonio monástico abarcaba buena parte de las provincias de León, Palencia, Valladolid, Zamora y Santander y por tanto sus abades eran más poderosos y tenían mas gente bajo su jurisdicción que muchos de los principales de su tiempo (10).

Los monjes cluniacenses reformaron la disciplina regular, substituyeron el rito mozárabe por el romano, la letra visigótica por la galicana y encomendaron los diversos oficios del monasterio a cada uno de los monjes a perpetuidad, según su costumbre. Obtuvieron de Gregorio VII en 1083 la exención de los obispos y la sujección inmediata de la Santa Sede (11) y por influencia de D. Bernardo, siendo ya arzobispo de Toledo, les fueron concedidas diversas gracias por la Santa Sede (12).

Sahagún conoció entonces una época de esplendor; el monasterio acrecentó sus rentas y aumentó sus propiedades; en su recinto se labraba moneda; sus abades eran consejeros reales; sus bienes sagrados e inviolables; sus muros tumba de reyes y nobles, y el que otrora fuera humilde monasterio se convirtió en un castillo almenado, cuyos abades tenían poder temporal y espiritual sobre buena parte de Castilla y León.

El recinto del monasterio fue lugar de enterramiento de reyes y nobles. En él estaban enterrados Alfonso VI y sus cuatro esposas, Constanza, Berta, Inés y Beatriz. También se enterraron en el monasterio las reinas Dª Constanza, Dª Sancha y Dª Elvira, hija de Alfonso VI, el infante D. Sancho, el arzobispo de Toledo y antiguo abad D. Bernardo, un hijo del conde Pedro Ansurez, señor de Valladolid y siete Condes muertos en la batalla de Uclés, D. García de Cabra, D. Mendo, D. García Fernández, D. Martín Fleinez, D. Martín Alonso y D. Fernando, monje y obispo de Astorga.

También fueron enterradas en el monasterio Dª Beatriz Fadrique, hija del infante D. Fadrique, hermano de Alfonso X el Sabio, el conde Gonzalo Gómez y su esposa Dª Jimena y el hijo de entrambos el conde D. Gonzalo Gómez; También Dª Constanza, hija de Fernando II y otros nobles, cuyo número seria prolijo enumerar (13).

Mas no fue el monasterio de Sahagún sólo lugar de oración y tumba de reyes y nobles, fue también lugar de cultura y de espiritualidad. De las filas de sus monjes salieron D. Bernardo, obispo de Osma, D. Jerónimo, obispo de Salamanca, D. Cipriano, obispo de León, D. Bernardo obispo de Zamora, el cronista Sampiro, obispo de Astorga, san Alvito de Mondoñedo, D. Alonso Martínez, obispo de Palencia, D. Gómez obispo de Coria y diez o doce obispos mas.

En su recinto se educaron D. Pelayo y D. Pedro, hijos de Pedro Ansurez, señor de Valladolid (S.X), que luego tomaron el hábito en el monasterio, y los obispos que hemos enumerado. Además entre 1346 y 1348 el abad D. Diego II erigió en el monasterio una Universidad para que los monjes del monasterio y los clérigos y seglares de la región pudiesen estudiar teología y derecho canónigo. Esta universidad con el tiempo, llegó a tener los mismos privilegios que las dos célebres de España, Salamanca y Alcalá (14). Y por darse en ella gran importancia a la liturgia y el canto, fue un foco muy importante para la implantación de la liturgia romana con su prístina pureza, tanto en las ceremonias como en las melodías gregorianas, en las iglesias a las cuales eran luego destinados los clérigos que habían estudiado en ella.

No menos importante fue la influencia del monasterio a través de sus prioratos que salpicaban la geografía castellano-leonesa. Tanto el P. Sandoval como el P. Yepes llegan a enumerar más de 60 monasterios sujetos y multitud de iglesias en las cuales el monasterio gozaba del derecho de presentación. Los prioratos más importantes, que tenían un puñado de monjes para el servicio del culto y la administración de los sacramentos a los fieles – pues casi todos eran parroquias – eran los de Sta. Maria de Piasca en Santander, S. Salvador de Nogal en Nogal de las Huertas (Palencia), S. Bartolomé de Medina del Campo, donado a Sahagún por Berenguer de Medina en 1196 y San Mancio de Rioseco, donado por Tello Lèllez en 1195.

A pesar de los seis incendios que sufrió el monasterio a lo largo de seis siglos (1237, 1590, 1692, 1769, 1810 y 1835) se salvaron muchas de las escrituras y documentos y en parte hasta de los edificios.

La iglesia era de tres naves, de 100 pasos de larga por 24 de ancha. Hasta 1766 su alto era de 90 pies, pero por temor a que el peso de la bóveda arruinase la edificación, con el consejo del P. Pontones, monje jerónimo arquitecto, que entonces gozaba de gran fama, se rebajó a 82 pies y se cambió la bóveda de piedra por otra de ladrillo, menos pesada. La primitiva iglesia, también de tres naves, pero de reducidas dimensiones, parece era la capilla llamada luego de S. Mancio, que estaba situada al pie de la iglesia, debajo del coro alto. Su antigüedad parece que se remonta al siglo IX.La iglesia abacial parece fue revestida de piedra en tiempo del abad D. Diego I, pero no se acabó por ser tan costoso el traer la piedra de otra parte hasta el año 1300. Sobre el crucero había una media naranja y en el mismo crucero cinco altares con sus retablos dorados, entre los que sobresalían los de los SS. Facundo y Primitivo y el de D. Benito que eran obra del célebre escultor Gregorio Fernández.

En medio de la nave central estaba la sillería del coro bajo, hecha en 1441, toda de nogal y a su alrededor había siete altares con sus correspondientes retablos, además de otros dos en el trascoro. Junto a la sillería había un órgano y lo mismo en el coro alto, donde además había una sillería de nogal más sencilla. Todo este edificio flaqueó en el terremoto de 1755, pero continuó en pié la iglesia y el monasterio. Este era de planta casi cuadrada, pero irregular. Tenia cuatro claustros y su perímetro total era de 300 pasos por lado, todo el de ladrillo, fuera de la fachada de entrada, que aún se conserva y la de la iglesia. Al N y E había la hospedería y la cámara abacial; al S y N las celdas en la parte superior; al E la escalera principal, la librería y el solarium. El edificio tenia planta baja y dos pisos. Al S. había el gran refectorio y sobre él celdas y una galería hermosa. Tenia una buena estancia para archivo y además una parte del edificio destinada a noviciado, botica y otras dependencias monásticas. Las celdas tenían cada una su sala, estudio y alcoba y el número de las mismas era de 100, número suficiente para albergar a los 70 monjes de que se componía la comunidad, mas los legos y huéspedes.

La iglesia tenia varias capillas notables. La de Ntra. Señora de las Angustias, mandada construir por la infanta Dª Elvira, hija de Alfonso VI y renovada por Simón Jordanes en 1738 servia para la sepultura de los monjes y estaba adornada con dos altares, uno dedicado a Ntra. Señora y otro a la Sta. Cruz, cuya reliquia se guardaba en un hermoso relicario de plata y a San Clemente mártir, cuyo cuerpo se guardaba en el mismo altar. Otra capilla muy hermosa era la de S. Miguel, con su altar y retablo dorados.

Las reliquias de los santos mártires Facundo y Primitivo se guardaron primero en un arca de roble desde el siglo XI y el 8 de Junio de 1153 se había colocado en la misma arca la cabeza de S. Mancio. El 26 de noviembre de 1412 las reliquias fueron trasvasadas a un arca de ciprés y el 24 de julio de 1621 fueron colocadas en un arca de plata, en medio del retablo del altar mayor.

La sacristía era cuadrada. Medía 40 pies de lado por 60 de alto con bóveda. Para guardar los ornamentos y objetos litúrgicos tenia una buena cajonería de nogal y aparte de los muchos y buenos ornamentos que poseía, tenia una hermosa custodia de plata, obra de Juan de Arfe, que se guarda en el monasterio de Benedictinas Santa Cruz en Sahagún, y varios relicarios de éste metal. Entre las muchas insignes reliquias que se conservaban en el relicario de la sacristía, que era del siglo XVI estaban mandadas hacer por Fray Antonio de Prado, las de San Benito, Lignum Crucis, S. Juan de Sahagún, S. Lorenzo, S. Veremundo, Sta. Reparadora, Sta. Bárbara, Mártires de Cardeña, S. Mancio, Sta. Ursula, S. Clemente y S. Pastor de Torices, entre otras (15).

Su biblioteca era una de las mejores del reino de León. Poseía obras antiquísimas, que admiraban a todos los visitantes cultos, entre ellos al célebre Ambrosio de Morales en 1572 (16) que recorrió por orden de Felipe II todos los monasterios del Norte de España (discusiones).

Vemos, pues, como verdaderamente el monasterio de Sahagún era la abadía más importante del Reino de León durante toda la edad media tanto por su poder eclesiástico y civil, como por su patrimonio, sus edificios, las sepulturas de sus reyes y sus obras de arte, y también como por ser un centro cultural y de irradiación espiritual sin par en toda Castilla, por su universidad, su biblioteca y por el número de obispos que salieron de las filas de sus monjes. Su influencia fue tal, que llegaba desde Toledo a Cantabria y desde la Rioja a Galicia. Ninguna abadía puede ni de cerca compararse con ésta que fue sin duda alguna el Cluny español.


Portada meridional

SAHAGÚN DESDE SU ANEXIÓN A LA CONGREGACIÓN DE VALLADOLID HASTA SU DESAPARICIÓN EN 1835

La decadencia monástica sobrevino en el siglo XIV, a causa de las sucesivas pestes negras que diezmaron los monasterios y los pueblos de toda Europa. Faltos de vocaciones, los monasterios admitían a cualquiera y no podían darle la necesaria formación humana y espiritual, y faltos los pueblos de gente, no había brazos suficientes para cultivar las tierras de los monasterios, de las cuales Vivian los monjes y dependía toda su actividad cultural, litúrgica y caritativa de todo monasterio.

Ante tamaña desgracia – falta de observancia y falta de medios – nada se pudo hacer de momento hasta tanto no se reunieran concilios provinciales y se dictaran en ellos las normas necesarias para la restauración de la disciplina monástica.

Consciente de ésta realidad, Juan I de Castilla decidió emprender la reforma del clero castellano, mediante la reunión de un concilio Provincial. Este tuvo lugar en Palencia en 1388, donde se publicaron unas constituciones a las que en adelante debía sujetarse la forma de vida del clero secular de Castilla.

La acción iba dirigida, mas que a la reforma directa del clero secular, a la implantación de nuevos monasterios y a la reorganización de los antiguos para que sirvieran de foco ejemplar de una vida auténticamente religiosa.

Así Juan I donó el Guadalupe a los jerónimos, El Paular a los cartujos y su Alcázar de Valladolid a los benedictinos. La fundación del monasterio de Valladolid se hizo en 1390 con monjes venidos del priorato de Sahagún (S.Salvador de Nogal) al mando de Fr. Antonio de Ceinos, como primer prior de la fundación, puesto por el abad de Sahagún D. Juan Medina de Pomar, a petición de Juan I. La reforma del monasterio de Valladolid, basada en una vida de gran austeridad y clausura – vivían como las monjas de Santa Clara – dedicados a la oración y al trabajo, tuvo pronto imitadores, ya que creó una escuela de oración propia y también de espiritualidad.

Fray Antonio de Ceinos en 1398 fue elegido por el Papa, abad de Sahagún y aunque aceptó por obediencia éste cargo, trató ya de alguna manera de implantar en esta abadía el estilo de vida que había comenzado en el monasterio de Valladolid, pero al parecer fue sin éxito. De nuevo intentaron los priores de Valladolid conquistar ésta abadía para su reforma en 1425, pero la auténtica y definitiva reforma y unión del monasterio a la Congregación de Valladolid se hizo en 1494, cuando el Papa Alejandro VI confió la reforma de los monasterios de Castilla, León y Galicia a los obispos de Catania y Coria, por influencia de los Reyes Católicos.

El obispo de Catania empezó a llevar a cabo la reforma que el Papa le había encomendado. Llegó a Sahagún, cuyo monasterio gobernaba el abad D. Rodrigo de los Ríos y en nombre del Papa y de los Reyes Católicos pidió a el y a sus monjes que admitiesen la reforma. Convinieron en ello los monjes y entonces D. Alonso avisó a los Reyes y a los monjes de Valladolid. El prior Fr. Juan de Luz, envió a Sahagún al mando de Fr. Juan de Soria a 7 monjes para implantar la reforma.

Llegaron los reformadores a Sahagún el 18 de diciembre de 1494 y fueron admitidos por el abad y los monjes con agrado. Don Rodrigo puso en manos de los recién llegados todo el gobierno interior y exterior del monasterio, aunque se reservó él titulo de abad. Los reformadores, según costumbre de la congregación de Valladolid, suprimieron él titulo de abad y pusieron en su lugar a un prior, aunque éste régimen de gobierno duró poco tiempo, porque en 1500 los monasterio recuperaron su dignidad abacial por acuerdo unánime del Capítulo General celebrado este mismo año en Valladolid (17).

Después de la implantación de la reforma, el monasterio prosiguió su vida, gobernado por abadeses trienales hasta 1610 y a partir de esta fecha, hasta 1835 lo fue por abadeses cuatrienales.

La observancia del monasterio se conservó siempre en todo su rigor y el culto litúrgico alcanzó su máximo esplendor, porque entre otras cosas el monasterio fundó una capilla de música. Sin embargo, por estos años y a pesar de los esfuerzos del abad Fr. Facundo de Torres a principios del siglo XVII por restaurar la universidad, ésta desapareció, pasando todos sus privilegios a la de Irache, regida por los benedictinos de la misma congregación.

El mantenimiento de la observancia regular estaba a cargo del General de los Visitadores, que en las dos visitas que pasaban cada trienio o cuatrienio, dejaban algunas ordenaciones para la mejor marcha espiritual y temporal del monasterio. Leídas con atención las actas de visita que conservamos (18) vemos enseguida que los problemas del monasterio de Sahagún provenían en su mayor parte de la defectuosa administración de sus bienes y rentas. Por eso los visitadores no se cansan de mandar una y otra vez que se hagan apeos de las propiedades rústicas; que las escrituras de arriendos y foros se hagan con las formalidades del derecho y con especificación de la cantidad y calidad de tierras arrendadas o aforadas, así como de la localización de las mismas, los antiguos propietarios que las poseían en cuanto estaban arrendadas y en cuanto se querían arrendar, etc. Se guardarán cuidadosamente todas las escrituras de los contratos de compra-ventas en el archivo y que el archivero no las permita sacar de él sino con las debidas cautelas. Y a los administradores les mandan dar cuenta de su administración dos veces al año (por Navidad y S. Juan Bautista.) y tener los libros necesarios para anotar las entradas y salidas y el cobro de los diezmos y ( primicias ) tazmias.

Pero ¿ es cierto que el monasterio tenia unas rentas fabulosas, como a veces se dice? y ¿ en qué empleaban estas rentas ?

Ciertamente que el monasterio de Sahagún era sin duda él más poderoso de tierras, rentas y derechos, por tener tantos prioratos y parroquias dependientes y percibir distintos tributos sobre determinadas gentes y productos. Pero en realidad las rentas, con ser ciertamente crecidas, daban solo lo suficiente para mantener a los monjes y sustentar las actividades del monasterio. Así como ejemplo en el siglo XVIII el monasterio percibía entre censos, viñas, casas arrendadas y juros, : 30.000 reales de vellón anuales, mas 2.600 cargas de trigo, 300 de centeno, 650 de cebada y 3.000 ducados al año en dinero, de la venta de vino, corderos, lana, etc. Este dinero se empleaba de la siguiente manera: Para el mantenimiento de la comunidad – que solía tener 70 monjes, 12 legos y algún donado – los pobres, peregrinos, huéspedes, médico, barbero, sangrador, etc. 900 cargas de trigo y 250 de cebada para los animales de carga; vino 3.100 cántaras. Quedaban para la venta 300 cargas de centeno, 1700 de trigo y 500 de cebada. Que todo vendido, según el precio de la época subía a 186.000 reales de vellón, que era toda la renta que tenia el monasterio. En verdad no era mucha, porque siempre había algunas deudas.

Estos maravedíes de renta se empleaban de la siguiente manera: Para sustentar a los pobres y peregrinos – unos 300 diarios – en la portería del monasterio y en el Hospital que tenia fuera de la villa, que tenia unas 60 camas y estaba atendido por dos monjes y algunos criados. Además también se daba la comida diariamente a los pobres que acudían a las iglesias de los prioratos. Se daban limosnas a conventos de franciscanos y de religiosas, considerados como pobres, además de la comida que diariamente se daba a los pobres vergonzantes y de las limosnas secretas que el abad daba a los necesitados los días de fiesta solemne.

Por estar el monasterio en el camino real y en el camino de Santiago, eran muchos los monjes, religiosos de otras órdenes y seglares que se hospedaban en el monasterio, en lo cual gastaba el hospedero hasta 700 ducados anuales. Había que pagar también a los médicos, cirujanos, sangradores, abogados, procuradores, recolectores de diezmos, jueces de alcaldes, de coto y a los merinos y pagar los gastos de pleitos que nunca faltaban, todo lo cual se elevaba a la suma de 2000 ducados. Además de esto el monasterio debía pagar ciertas contribuciones, como el subsidio y excusado que montaban 1500 ducados, para las arcas reales y a la Santa Sede el impuesto llamado quindenio, que se elevaba anualmente a unos 700 ducados. Había que contribuir también a los gastos del Capítulo General y del funcionamiento de la Congregación, lo que representaba unos gastos anuales de 300 ducados, además de lo que se había de abonar por los estudiantes del monasterio que estaban en los colegios de filosofía y teología de la Congregación.

Deducidos todos éstos gastos, a los que habría que añadir el sustento y salario de los criados, jornaleros y proveedores de lo necesario para el monasterio, la suma de gastos ascendía a 12.300 ducados quedando para el sustento de los monjes y legos 5000 ducados, lo cual no es una suma crecida, sino más bien escasa. Si con este poco dinero los monjes podían vivir era porque su vida era realmente pobre y frugal y porque los administradores hacían todas las economías posibles (19).

También en tiempo de la Congregación de Valladolid el monasterio tuvo monjes célebres por sus virtudes y por su talento, y no menos por los puestos de gobierno que escalaron dentro y fuera de la Congregación. No podemos aquí citarlos todos, ni mucho menos, pero señalaremos los más importantes.

Entre los monjes muertos en olor de santidad cabe señalar a Fr. Alonso de Grijota, que fue abad del monasterio en 1499 y murió en 1510 en opinión de santidad. A Fr. Gabriel de Bustamante, natural de Amusco, que siendo jurisconsulto notable, tomó el hábito en Sahagún en 1616 y después de ser abad de Poyo y Obona, murió en opinión de virtuosísimo. Fr. Juan de Orrola, natural de Vizcaya, que también murió en opinión de Santidad en 1674 y Fr. Mauro Scott, llamado también Mauro de D. Facundo que por defender la fe católica fue martirizado en Inglaterra en 1612 y mereció ser beatificado por Pío XI en 1929.

Entre los que escalaron la dignidad episcopal, cabe señalar a Fr. Juan Vaca, natural de Valladolid, que después de ser abad de Sahagún y Carrión fue nombrado arzobispo de Panamá; Fray Juan de Pedrosa, natural de Boadilla del Camino, que tomó el hábito en Sahagún en 1561 y luego fue procurador General de la Congregación en Roma, abad de Sahagún y finalmente obispo de Brindis en Calabria. Fr. Facundo de Torres, natural y profeso de Sahagún, que después de ser General de la Congregación y abad de Sahagún fue proclamado obispo de la Isla de Santo Domingo donde murió en 1636, y Fr. Francisco de Borja, hijo del Conde de Grajal que tomó el hábito en 1620 y más tarde fue arzobispo de Charcas donde murió en 1635 y Fr. Pedro Núñez, que fue obispo de Coria (1884).

Entre los célebres por sus conocimientos intelectuales se halla Fr. Pedro Ponce de León (+15 +12), natural de Sahagún, que en el monasterio de Oña inventó el arte de hacer hablar a los sordomudos, entre ellos a tres hijos del Condestable de Castilla; Fr. Francisco Ruiz de Valladolid, reputado por uno de los hombres más doctos de su tiempo, fue abad de Salamanca, Prior de Zamora y excelente conocedor de las Sagradas Escrituras (1546), igual que Fr. Gregorio Quintanilla y Fr. José Pérez, catedrático de lenguas bíblicas en la Universidad de Salamanca y Romualdo Escalona, cronista de la Congregación corresponsal de la Real Academia de la Historia y el mejor historiador del monasterio.

También hubo monjes que llegaron a ser Generales de la Congregación como Fr. Juan de Villaumbrales y Fr. Antonio de Prado, los cuales fueron abades de otros monasterios antes de llegar a ser Generales. Y los PP. Francisco Salvador y Anselmo Marino, los dos célebres Generales del monasterio de Sahagún en el siglo XVII y XVIII.

Entre los músicos cabe señalar a Fr. Benito Álvarez, natural de Toro célebre maestro de capilla de la Catedral de Salamanca, que luego tomó el hábito en Sahagún y mereció más tarde dirigir la capilla de la corte real en Madrid.

Entre los predicadores y moralistas, hay que señalar como los más importantes a Fr. Benito Peñalva y Fr. Bernardo Bela, los dos del siglo XVIII, sin omitir a Fr. Alonso Aguayo, que mereció por su elocuencia ser nombrado obispo auxiliar de la diócesis de Avila y otros que sobresalieron en otros aspectos, pero que aquí no podemo

s enumerar para no cansar al lector. Permítasenos decir sin embargo, que hubo un monje natural de Sahagún, pero profeso del monasterio de S. Benito de Valladolid, que fue reformador de monasterios en el siglo XVI. Se trata de Fr. Diego de Sahagún, hombre humilde, pero esforzado, que supo reunir a todos los monasterios benedictinos de España en una única Congregación, cuya cabeza era el monasterio de S. Benito el Real de Valladolid.

Mas ahora podríamos preguntarnos ¿ qué se hizo de tanta grandeza y esplendor ? Pues realmente tanta magnificencia, tanto poder y grandeza hoy están convertidos en polvo y ruinas, soledad y tristeza, por el tiempo y las transformaciones sociales, pero aún el viajero puede por los restos que quedan en este insigne monasterio evocar el recuerdo de lo que fue. Apenas queda nada de aquellas solemnes estancias, donde las cuales sus abades, dos veces príncipes, más poderosos que algunos soberanos, ejercían a la vez autoridad eclesiástica y civil. La obra gigantesca de los cluniacenses y vallisoletanos ha venido a tierra como el edificio que les servia de morada, no quedando sino una vaga memoria de tanta grandeza y poderío. La ola anticlerical y antimonástica del pasado siglo XIX, que culminó con la exclaustración de 1835, borró la huella de los monjes en los edificios, propiedades, obras de arte, ornamentos, reliquias y en la botica y hospital, pero la obra del humilde monje que entregó su vida al Señor en la oración y el trabajo no podía perecer. El trabajo paciente y cuidadoso de los monjes archiveros, que en el retiro de su celda escribieron tantos pergaminos, códices y libros, nos enseñan lo que no podemos leer e

n los derruidos paredones. Si las obras de arte y edificios de piedra se han perdido para el mundo de la cultura, no se ha perdido en cambio los documentos de su riquísimo archivo, donde el historiador podrá recoger preciosas noticias sobre la historia de España, conservadas en los documentos que escribieron los monjes que vivieron en este célebre monasterio verdadera metrópoli de la España Cluniacense.

Ernesto Zaragoza Pascual OSB


NOTAS

1.- Indice de los documentos del Monasterio de Sahagún de la Orden de San Benito (Madrid 1874). 2.- Este monje era natural de Barcelona, archivero del monasterio de Sahagún, especialista en Historia de España y trabajó mucho en heráldica y genealogía nobiliaria. Fue también excelente paleógrafo y diplomático. Murió alrededor de 1600. 3.- Hacemos siempre referencia al Catálogo de Vignau. 4.- E. Zaragoza, Catálogo del Fondo Monástico Leonés del Archivo de Silos, en León y su Historia III (León 1975) pp. 283-289- 5.- La historia del monasterio de Sahagún ocupa los ff. 44-78 del tercer pliego de la obra. 6.- La historia de Sahagún ocupa los ff. 167r-203v y también se dice algo de la historia del monasterio en los volúmenes VI,f,191v y VII, f, 197 r-v. 7.- E. Zaragoza Pascual, Un siglo y medio de tomas de hábito en el monasterio de Sahagún, en Archivos Leoneses 59 y 60 (León 1976) 35-79; M. González, Algunos aspectos de la vida del monasterio de Sahagún hasta el año 1110, en Archivos Leoneses XXI (1967) 200-363; L. Fernandez, La Abadia de Sahagún y el obispado de Palencia durante los siglos XIII-XiV, en Archivos Leoneses I (1971) 209-230; J. Puyol, El abadengo de Sahagún (Madrid 1915); G. Garcia Muñoz, Aportación al estudio de la Edad Media en España: la biblioteca del monasterio de San Benito el Real de Sahagún (Moratalla – 1920) V. Beltrán de Heredia, El estudio del monasterio de Sahagún, en La Ciencia Tomista 85 (1978) 687-697; M. Gomez Moreno, Iglesias Mozárabes (Madrid 1919) 202-212; E. Zaragoza Pascual, Actas de visita del Monasterio de Sahagún, en León y su Historia IV (León 1977) 101-211. 8.- Escalona 15. 9.- Sandoval, f. 63v 64r, A. Linage Conde, Los orígenes del (monasterio) monacato benedictino en la Península Ibérica, II (León 1973) 597. 10.- Sobre el patrimonio del monasterio hasta 1110 Cf L.Fernandez, oc. 11.- Sandoval o.c., ff. 59r-60v. 12.- Id. Ibid., f 60v-61r- 13.- Id. Ibid., F. 74r-v; Escalona, oc. Pp. 235-237. 14.- E. Zaragoza; Los Generales de la Congregación de S. Benito de Valladolid I (Silos 1973) 24-35. 15.- Sandoval, oc. Ff. 74v-75r. 16.- A. De Morales, Relación de viajes que Ambrosio de Morales, cronista de S.M. hizo por su mandato el año de 1572 en Galicia y Asturias (Madrid 1792) 16. 17.- E. Zaragoza, Los Generales II (Silos 1973) 24. 18.- E. Zaragoza, Actas de Visita del Monasterio de Sahagún (1697-1827) en León y su Historia IV (León 1977) 103- 19.- Escalona, oc, 239-240.

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