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EL PRIMITIVO RETABLO DE SAN JUAN DE SAHAGÚN

Es bien sabido, tanto por el más perspicaz especialista como por el más desconocedor de los profanos, que la villa de Sahagún ha sido fuente inagotable de un valioso legado patrimonial mueble e inmueble. Aunque, desgraciadamente, también empieza a ser considerado con normalidad, y cierta resignación, que parte de nuestros tesoros hayan desaparecido con el paso del tiempo o estén en vías de hacerlo, bien por el desamparo y abandono que ha derivado en la pérdida irreversible de los mismo, bien por las múltiples vicisitudes que los han llevado a su dispersión; siendo hoy muchos los museos nacionales e internacionales que custodian algunas de las mejores piezas que un día salieron de las empresas artísticas ligadas a nuestra ilustre villa.

Sin apenas excepciones, los principales centros religiosos de la villa han sito cómo el legado que cobijaban ha pasado a otras manos -a veces desconocidas-, desde magníficos lienzos y ejemplares de la más señera retablística que se hallaban en el convento de San Francisco, pasando por pomposas piezas litúrgicas pertenecientes a las iglesias de Santiago, la Trinidad y San Tirso, hasta algunos testimonios que, por si mismos, habrían sido suficientes para constatar aquella mirífica grandeza del monasterio de San Benito de Sahagún, como las muchas columnas marmóreas y capiteles que tras la desamortización se afanó en recuperar la Comisión de Monumentos de la Provincia de León, la fecunda producción literaria surgida a la sombra del scriptorium benedictino o piezas consideradas "obras cumbre" del románico español como la lauda sepulcral de Alfonso Ansúrez, la Virgen en Majestad o el capitel de las arpías, hoy custodiadas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Tampoco fueron ajenos  a estos vaivenes del destino los tesoros artísticos del templo dedicado al Santo Patrón de la villa, San Juan de Sahagún.

Como bien conocen los vecinos y devotos del Santo, su altar mayor está presidido en la actualidad por un retablo neoclásico, cuyas sencillas trazas y estructura de madera corrieron a cargo del maestro ensamblador Matías de Arriba, vecino de la villa de Sahagún. El 27 de febrero de 1804 se comprometía a dar finalizadas las obras para el mes de julio de ese mismo año, y a falta de corroborar documentalmente el autor de las pinturas que configuran el programa iconográfico relativo a la vida de San Juan, se ha apuntado que tal vez dependieron de él mismo, para lo que pudo inspirarse  en un grabado de la colección "Tabularium artis asturiensis".

Ahora bien, pocos saben, en cambio que este retablo sustituyó a otro anterior barroco, cuyo estudio y datación concreta lo debemos al Dr. Fernando Llamazares Rodríguez, quien, como en otras tantas ocasiones, arrojó luz en su monografía El retablo barroco en la Provincia de León al hallar el documento de sus condiciones de obra.

Pero, ¿qué fue de aquel primitivo retablo de la iglesia de San Juan de Sahagún?. Por suerte y casi como excepción a la regla, su destino final no fue fruto del infortunio, el abandono o las negligencias, y su paradero no debemos buscarlo más allá de doce kilómetros. En 1803, y después de que los hermanos de la cofradía de San Juan de Sahagún decidieran sustituirlo por uno nuevo -el que llevaría a cabo Matías de Arriba un año más tarde con el dinero obtenido de la venta del antiguo-, el párroco de la localidad de Arenillas de Valderaduey, don Manuel María de Uriarte, se dirigía al entonces obispo de la sede legionense para manifestarle que, ante la perentoria necesidad de contar con un retablo para la iglesia de Santo Tomás, se había interesado en la compra de aquél. La venta se hizo  efectiva por un total de 6.000 reales, aunque, en la escritura notarial, los hermanos de San Juan de Sahagún dejaban constancia que se entregaría a excepción de "su reliquia" y "efigie", que a la postre pasarían a ocupar un lugar privilegiado en el nuevo retablo facundino.

Por fortuna, la iglesia de Santo Tomé de Arenillas de Valderaduey sigue custodiando, aún hoy, el que un día fuera retablo mayor de la iglesia de San Juan de Sahagún. Su encargo, una vez finalizadas las obras del Templo dedicado al Santo, había corrido de manos de don Blas Sánchez de Comillas, mayordomo de la cofradía del Patrón de la villa y párroco de la localidad de Codornillos, quien, el 22 de febrero de 1657, concertaba su realización con el maestro ensamblador Manuel Salcedo y su fiador el arquitecto Juan Bautista Pérez, vecinos de la villa de Carrión de los Condes. Ambos se comprometieron a darlo "acabado y asentado para el día de Navidad" del año 1657, elaborando cada una de sus piezas en el taller del ensamblador Manuel de Salcedo en la villa de Carrión, para posteriormente ser transportadas hasta la localidad de Sahagún. Los trabajos, que ascendieron a un total de 3.600 reales, debían, entre otros requisitos, llevarse a cabo en "madera de pino de Soria o de Valsaín (Segovia)" -variedades lignarias conocidas por su excepcional calidad-, contener "columnas corintias y entorchadas" y un espacio o "urna" destinada a acoger la reliquia del Santo.

Este antiguo retablo de San Juan de Sahagún es hoy bien conocido por los medios de comunicación y los encargados de la salvaguarda del patrimonio, pero, tristemente, no por sus condiciones artísticas, sino por acumular los estragos de los cada vez más frecuentes expoliadores del patrimonio histórico-artístico. La creciente regresión de las áreas rurales no sólo ha derivado en un acuciante letargo, despoblamiento y abandono de muchas localidades, sino también en un progresivo desamparo de su patrimonio, cada vez más expuesto a la sigilosa actuación de los ladrones de arte sacro, conocedores -o estudiosos- de la "desabrigada" situación de muchos de nuestros templos.

Con este sigilo actuaron los "amigos de la ajeno" por primera vez en febrero de 2005 en la localidad de Arenillas de Valderaduey, fecha en la que desapareció el bajorrelieve que representaba el nacimiento del Santo Patrón de Sahagún, y única talla que aún quedaba del banco del retablo, pues en la década de los ochenta ya se había sustraído el de la calle opuesta -pieza de la que nunca más se ha tenido noticia alguna-.

A pesar de que según las estadísticas, a penas se rescata un 10% de las obras de arte sustraídas de iglesias, museos o colecciones privadas en todo el mundo, la fortuna y el buen hacer de la Guardia Civil permitieron recuperar el bajorrelieve en la provincia de Zamora cuando ya era casi inminente su venta. Tras el desaguisado quedó seriamente dañado y tuvo que ser restaurado, no sin muchos esfuerzos, para ser reintegrado nuevamente en el conjunto.

Pero los designios de esta pieza depararían una nueva decepción. Los vecinos de Arenillas y los devotos del Santo poco pudieron disfrutar de la repuesta y restaurada talla, que hoy es conocida por ser un anómalo ejemplo de doble robo. En noviembre de 2008 volvió a ser sustraída, junto con un plinto de apeo de una de las columnas del sagrario, que, además, sufrió varios desperfectos.

El paso del tiempo, hoy ya más de tres años desde el último robo, reduce a pasos agigantados las probabilidades de recuperarla. Poco resta por hacer de manos de cuantos amamos la villa y nuestro patrimonio, con la salvedad de no olvidar lo que un día fue nuestro. Por eso mismo la intención de este artículo no era sino difundir la triste noticia para que no quede en el desconocimiento -o el olvido- y para que recordemos que una parte de nuestro legado, una parte de nosotros, ahora está en manos desconocidas.

Agradezco la amabilidad prestada por D. Gaspar Turienzo Vega, párroco de Arenillas de Valderaduey, que gentilmente me ha cedido las fotografías del relieve para este artículo.

Fuente: Joaquín García Nistal (Universidad de León)

 

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