Pedro Ponce

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Es una de las figuras más egregias de Sahagún durante el siglo XVI. Nacido en nuestra Villa hacia 1513 –como discurre Pérez de Úrbel- era probablemente hijo segundón o natural de Juan Ponce de León, el descubridor de La Florida e intrépido expedicionario para encontrar allí las aguas de la inmortalidad. Tomó el hábito en la abadía a 3 de noviembre de 1526, de manos de Fr. Gaspar de Villarroel y a los principios casi de su cuarta gestión abacial en Sahagún, para la que los monjes le eligieron, haciendo caso omiso a las órdenes del general Fr. Alonso de Toro de donde se siguieron varios pleitos entre el general y la abadía de Sahagún.

Pocos años fueron los que vivió Fr. Pedro Ponce de León en el monasterio de su Villa natal –quizás por encontrarse incómodo en Sahagún, dado que era miembro de las familias más ilustres del lugar, según presunción muy lógica de Pérez de Úrbel- pasando pronto al monasterio de San Salvador de Oña, en el que transcurrió el resto de su vida, dejando de existir en 1584. Y en Oña, sin ocupar cargos de importancia, entregado tan sólo al estudio y a la meditación, supo adquirirse renombre de inmortalidad entre los grandes de la historia, con su Arte de enseñar a hablar, escribir y entender lo escrito los Mudos. Arte que Fr. Pedro atribuía a sus dos santos favoritos, el precursor y el patrono del monasterio de Oña, tal como lo reafirma aquella escritura de 24 de agosto de 1578, por la que, al tiempo que fundaba una capellanía en honor de los santos en Oña, con toda humildad declaraba cómo pudo allegar el dinero necesario a dicho fin: Los quales maravedises me vinieron por mercedes de señores, de quienes he sido testamentario, e bienes de discípulos que he tenido, a los quales en la industria que Dios fue servido de me dar en esta santa casa, por los méritos del señor san Juan Baptista e de nuestro padre san Íñigo.

Al respecto de los méritos de Fr. Pedro Ponce de León, tanto Yepes como Escalona traen a colación un texto de Morales, en el que hace maravillas de aquel Diego García de Paredes, famoso en las guerras por su gran fuerza y que fuera hermano de aquella María García, que ordenó ser sepultada en la capilla mayor de la iglesia de San Francisco de Sahagún con gran suntuosidad, y de nuestro Ponce de León, famoso por la fuerza de su ingenio y su rara habilidad, diciéndonos de esta manera sobre su arte, al tiempo que incide sobre métodos y resultados:

“El otro insigne Español, de ingenio peregrino y de industria increíble, si no la hubiéramos visto, es el que ha enseñado hablar a los mudos, con arte perfecta que él ha inventado, y es el padre fray Pedro Ponce, monge de la Orden de San Benito, que ha mostrado hablar a dos hermanos y una hermana del Condestable mudos, y ahora muestra a un hijo del Justicia de Aragón. Y para que la maravilla sea mayor, quédanse con la sordera profundísima que les causa el no hablar; así se les habla por señas o se les escribe, y ellos responden luego de palabra, y también escriben muy acertadamente una carta y cualquier cosa. Uno de los hermanos del Condestable se llamó don Pedro de Velasco, que haya gloria; vivió por más de veinte años, y en edad esta fue espanto lo que aprendió, pues demás del Castellano, hablaba y escribía en Latín, casi sin solecismos y algunas veces con elegancia, y escribió también en caracteres Griegos. Y para que se goce más particularmente es maravilla, y se entienda algo del arte que se ha usado en ella y queda por memoria, pondré aquí un papel que yo tengo de su mano. Preguntó uno delante de él al padre fray Pedro Ponce. Cómo le había comenzado a enseñar la fabla; fray Pedro Ponce dijo al señor don Pedro lo que se le preguntaba, y él respondió de palabra primero, y después escribió así: “Sepa v.m. que cuando yo era niño, que no sabía nada –ut lapis- comencé a aprender y a escribir, primero las materias que mi maestro me enseñó, y después escribir todos los vocablos Castellanos en un libro mío, que para esto se había hecho. Después, comencé a deletrear, y después pronunciar con toda la fuerza que podía, aunque se me salío mucha abundancia de saliva. Comencé después a leer historias, que en diez años he leído historias de todo el mundo, y después aprendí Latín…”.

Tanto Pérez de Úbel, como el propio Escalona y Nicolás Antonio comentan que ni Juan Pablo Bonet ni Manuel Ramírez de Carrión –que son tenidos como fundadores de tal arte- pueden disputarle a Fr. Pedro Ponce de León el honor de su paternidad, habiéndose limitado a perfeccionarlo. Es muy creíble –prosiguen- que cuando el eximio hijo de Sahagún enseñaba a hablar a los hermanos del Condestable, dejase en casa de aquel señor algunos apuntes sobre el arte y el método seguido en su magisterio, los que fueron aprovechados por Bonet cuando, a la distancia de cincuenta años, fue llamado a la misma mansión para enseñar a hablar a otro mudo de la familia Velasco; y así, -concluye- es verdadera la afirmación de Antonio Nicolás cuando rubrica su parecer de que Bonet no hizo más que publicar el arte inventado por Fr. Pedro Ponce de León y que Bonet titula Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar a los mudos.

(Juan Manuel Cuenca Coloma. Sahagún Monasterio y Villa 1085-1985.Pág.164 a 166)