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Solo la materia prima tienen en común el mudéjar y la arquitectura tradicional de estas tierras a la que se ha dado en llamar en los últimos tiempos, por razones obvias, arquitectura del barro. Sustentada en el empleo del tapial y del adobe, que el hombre amasa en ambos casos aunque de manera diversa con agua, paja y arcilla, sin cocción alguna y con secado al sol, la arquitectura del barro es fruto de un saber transmitido de padres a hijos de manera ininterrumpida a lo largo de los siglos. A pocos aspectos de la vida cotidiana y rural son ajenos los trabajos del barro. Aparecen en todas las dependencias de las casas de labranza, con muros de tapial que cierran sus corrales y miran a la calle e interiores construidos con entramados de adobes, varas, madera o ladrillo. Se asoman a las bodegas y a sus zarceras o ventanos, edificios religiosos, majadas para el ganado ovino protegidas con cubierta vegetal, colmenares de caseta y palomares.
La arquitectura del barro es en estas tierras una seña de identidad. Un resumen excepcional de la manera de ver la vida de unas gentes que fueron capaces de fundir lo práctico y lo estético integrándose de manera respetuosa como ninguna otra en su paisaje.
(Si quieres conocer la técnica de Fabricación del adobe, tapial, algo más sobre palomares y   casetas )

 

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