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FR. FACUNDO DE TORRES

Si por su ciencia y solicitada maestría, sentó cátedra de filosofía en el estudio general de Samos, luego ocupó sitiales de prelacía en distintas clases de la Congregación hasta llegar a ser su general. Por su elocuencia Felipe IV  le nombró predicador real;  y por su virtud y mérito le presentó el monarca para la sede metropolitana de Santo Domingo en 1629, comenzando a regirla en 1631. El largo curriculum de su vida lo esquematizamos de este modo:

Año 1573: Nace en Sahagún, descendiente de los Torres, rancio abolengo allí.

1586: Toma el hábito en Sahagún de manos de Fr. Antonio de Prado.

1601-1604: Profesor de filosofía en el estudio general de Samos.

1604-1607: Abad de Sahagún por primera vez.

1607-1610: Definidor general de la Congregación.

1610-1613: Abad de San Juan del Poyo.

1617-1621: Abad de Sahagún por segunda vez.

1621-1624: Otra vez definidor general de la Congregación.

1624-1625: General de la Congregación por muerte del Rvmo. Fr. Álvaro de Sotomayor.

1625-1629: Abad de Sahagún por tercera vez. Nombrado predicador real.

1629-1631: Definidor general de la Congregación.

1631-1640: Rige la sede metropolitana del arzobispado de Santo Domingo.

1640: Muere en Santo Domingo, hoy Ciudad Trujillo en la isla de Haití, el 25 de septiembre, siendo enterrado en la iglesia Catedral.

Fr. Facundo de Torres había puesto los cimientos de su doctorado y maestría en los claustros universitarios de Sahagún, culminándolos brillantemente en Salamanca. Por ello, durante su segundo mandato abacial en la Villa natal, trató de reconquistar para Sahagún los lauros de universidad que, en 1615 habían pasado a Irache por decreto congregacional. No pudo conseguirlo. Sin embargo, como prueba fehaciente de su hondo quehacer filosófico y moral, dio a la imprenta en 1621 la primera parte de su tratado Filosofía y Moral de Eclesiásticos, en la que expone exhaustivamente los deberes que traen consigo las sagradas órdenes, quedando inédita la segunda, así como  otro manuscrito –obrante en la biblioteca de Sahagún hasta los días de la exclaustración- que llevaba por título Contra las relajadas costumbres y opiniones de algunos modernos. Obras de las que se hace eco Nicolás Antonio en su Biblioteca Hispana. De otro lado, hemos de resaltar –con las crónicas de la Congregación- que el 3 de mayo 1609 se celebró en la abadía de Sahagún Capítulo general privado bajo la presidencia del Rvmo. Fr. Antonio Pérez, y a que a 10 del mismo mes tuvo lugar con grandes festejos la inauguración de la nueva iglesia de San Claudio de León, que había sido comenzada en 1582. A dicha inauguración asistieron muchos monjes de Sahagún, Eslonza, Carrión y otros monasterios, habiéndose encargado la Capilla de Música de Sahagún de la parte coral, estando presentes al acto tanto el abad de Sahagún, Fr. Mauro de Otel, como nuestro Fr. Facundo de Torres, visitador y definidor entonces de la Congregación.

Durante la segunda gestión abacial en Sahagún de Fr. Facundo de Torres, se dio por finalizado el retablo de los santos mártires que en 1610 había comenzado Fr. Mauro de Otel, al igual que durante su primer mandato, había comenzado él el altar de san Benito, siendo principal artífice de ambos Gregorio Fernández, a quien ayudaba su discípulo Luis de Llamosa, sobre el diseño del arquitecto benedictino F. Pedro Sánchez. Aparte de ello, hizo Fr. Facundo de Torres otras muchas grandes obras en  la abadía, libró muchos pleitos, y dio al rey 45.000 maravedís por los términos y el señorío de Valdelocajos, nos apunta Escalona.

En 1631 tomó posesión de su sede arzobispal en Santo Domingo, después de haber sido congregado en la iglesia de San Plácido de Madrid por el arzobispo de Granada y presidente de Castilla, D. Fernando de Valdés, asistido de los obispos titulares de Siria y Aspán. Por más de nueve años desplegó allí los carismas de su celo en bien de su nueva grey, compuesta por 12.000 almas, incluyendo algunos indios y 5.000 esclavos negros que cultivaban los campos. Reiteradas veces giró visita pastoral a las parroquias de su jurisdicción que era sede primada de Indias, al tiempo que bautizaba, confirmaba y se hacía caridad de Dios en las limosnas que –de continuo- se le iban de las manos sobre todo en favor de los esclavos negros. En los postreros días de su vida, se vio el arzobispo desamparado –física y espiritualmente- de cuantos había llevado a Indias, suspirando por la presencia de algún hermano de hábito que mitigara los pesares de sus casi 70 años de edad. Y Dios la concedió esa gracia, según nos relata Zaragoza Pascual. Que, viajando desde España Fr. Juan Martín en compañía del recién electo obispo de Oaxaca, Fr. Diego de Hevia, por algunos disgustos y sentimientos se separó del Prelado, yendo a parar a la Isla de Santo  Domingo, donde gemía quebrantamientos Fr. Facundo de Torres, que había sido su maestro. Y allí, a 25 de septiembre de 1640, dejaba de existir el benemérito hijo de Sahagún, siendo enterrado en su iglesia Catedral.

(Juan Manuel Cuenca Coloma. Sahagún Monasterio y Villa 1085-1985. Pág.166 a 168)

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