LA ALHÓNDIGA

Siendo regidor de la Villa el Ldo. don Diego de Quevedo, se fundó la Alhóndiga de Sahagún. Pidió para ello al ayuntamiento un solar inhabitado, que hacía esquina con la

plazoleta de la iglesia de San Lorenzo y que era de propiedad comunal. A sus expensas y con una corta subvención del concejo, se comprometía a levantar sobre aquel solar un edificio público, en el que se llevase a efecto no solamente la compra y venta de trigo y otros cereales, sino que sirviese también de depósito a aquellos productos,  comestibles y mercaderías de consumo, de lo que pudiera surtirse la población cuando lo necesitase, bajo la vigilancia de fieles y alguaciles, tanto en contratas como en pagos, y sin el riesgo de usuras, malentendidos y pleitos que acarreaba el tener que acudir a compras entre particulares. Aparte de ello, los necesitados -por cualquier motivo o circunstancia- podrían  acudir a la alhóndiga a adquirir, bajo fianza, grano escogido para la sementera, con el compromiso de reintegrarlo en especie, después de la próxima cosecha, o pagar su importe a plazos, legalmente establecidos por la justicia 1.                      
A este efecto y de sus graneros, una vez que estuvo construida la Alhóndiga de Sahagún, don Diego de Quevedo depositó en ella -según escritura pública- un crecido número de cargas de trigo para que, con aquél cereal, fueran socorridas las familias más menesterosas del lugar, al tiempo que dejaba también fundada una capellanía con misa dominical en la capilla de la Cárcel. Para cuyo sostenimiento cedió una tierra de su propiedad en el término de El Soto, comprometiéndose dicha capellanía en hacerle -de por vida- un aniversario por su salud el día de San Felipe, y trece misas rezadas para cada año por su alma, después de muerto.

Nuevo edificio en el lugar que ocupaba la Alhóndiga

Bajo un régimen municipal, por muchos años cumplió la Alhóndiga de Sahagún los destinos fundacionales; pero, en 1600, el provisor de la abadía se inmiscuyó en los caminos de su regimiento, siendo abad Fr. Juan Guiral, lo que dio origen a un pleito que tuvo que sentenciar la Real Chancillería de Valladolid. Pues, habiendo aportado también el abadengo a la Alhóndiga un buen número de fanegas de trigo, se dio el caso de ser tantos los deudores morosos a su provisión eclesiástica, que un día les forzó a la cancelación de todas sus deudas, amenazándoles con la excomunión, de no hacerlo en el plazo de tres meses. Corriéndose el término de aquel emplazamiento, acudieron los encausados al concejo que –en primer instancia- juzgó el pleito, sentenciando ser realmente pobres los deudores a la abadía, al tiempo que dictaminaba cómo el provisor se extralimitaba en sus funciones. Repuso éste que no hacía más que cumplir órdenes al caso, y que le extrañaba mucho que los morosos en pagar sus deudas solamente lo fueran con el monasterio. Por todo lo cual, el provisor alzó querella sobre la causa a la Chancillería de Valladolid, mientras en ayuntamiento se nombraba defensor de los encausados, en la persona de su alcalde mayor, Juan de Reinoso.

Prolongó discordias aquel litigio casi por diez años; pues, de 1610, es la ejecutoria real que lo zanjaba, sentenciando que, en los casos públicos, pertenecía al corregimiento del lugar y no a la abadía tomar medidas de pública justicia; que no se podía permitir que en dichos casos el abad o su provisor amenazara con censuras a sus deudores; que si de la Alhóndiga se seguía perjuicio a los intereses monacales, que el abadengo retirase de ella toda clase de aportaciones en grano de sembrío o de molienda, una vez que se le hubiesen abonado las deudas contraídas; y que, si realmente eras pobres algunos de los deudores, que procurasen concejo y abadía llegar a un acuerdo en lo sentenciado, sabiendo conjugar justicia con caridad como nos consta que hasta aquí el señor abad de Sahagún siempre ha sabido hacerlo. Ejecutoria real que viene firmada por el Ldo. Augusto Toro, presidente de la Chancillería de Valladolid a los primeros días de marzo de 1610, siendo corregidor del ayuntamiento de la Villa Francisco de Pablos Espeso, su alcalde mayor Juan de Reinoso y abad de Sahagún el Mtro. Fr. Mauro de Otel, del Consejo de su Magestad y Juez ordinario de la dicha Villa de Sahagún.

1.   La Alhóndiga estuvo situada en el cruce de la calle de San Juan de Sahagún con la del Portillo de San Lorenzo. Venida en ruinas cuando la Guerra de la Independencia, sobre su solar se construyó más tarde el Teatro de la Villa, que, asolado nuevamente en la década de los 30, hoy es un solar en propiedad del obispado de León, mediante un canje municipal por el que ocupaban las antiguas escuelas de doña Flora Flórez.

(Juan Manuel Cuenca Coloma.- Sahagún Monasterio y Villa 1085-1985.- Págs. 259 y 260)