La Universidad de Sahagún

Desde 1347, venía ya gozando la abadía de Sahagún el privilegio de tener Estudios Generales o Universidad, por gracia de Clemente VI. Al efecto, habilitó el abad don Diego II gran parte del claustro bajo, acondicionando allí sus aulas, en las que pronto sentaron cátedra de teología, artes y derecho canónico hombres conspicuos, cuyo saber se hacía pan documentado en favor de cien monjes y seglares, alumnos entonces de Sant Fagunt. Precisamente, en Santa Fagunt y en este mismo año se discutieron los cánones del Ordenamiento de Alcalá de Henares, que habrían de entrar en vigencia al año siguiente, cuando las Cortes de Alcalá; y, a 14 de noviembre de 1348, sabemos cómo el abad don Diego asignaba los diezmos prediales y personales de las iglesias de Santa Cruz, San Pedro, Santiago, San Tirso, San Martín y Santa María Magdalena –todas ellas en la Villa, dependientes de abadengo y de acuerdo con sus rectores- al sostenimiento de un maestro de cánones y a la adquisición de libros, haciéndose lo mismo, nueve años más tarde, con los diezmos de las iglesias de la Trinidad y Santa María la Nueva.

Universidad de Sant Fagunt, que acogiéndose a la protección de la corona y a sus privilegios llegó a intercambiar cátedra y honores con la de Salamanca, fundada por Alfonso VIII en 1209, y hasta proveyó de catedráticos a la de Alcalá de Henares, fundación del Cardenal Cisneros. Centro de altos estudios de Sant Fagunt, al que el papa Benedicto XIII –en 30 de agosto de 1403- otorgó el privilegio de que sus títulos en teología, derecho canónico y artes liberales, tuvieran tanta validez como los conseguidos en cualquier otro estudio general; al que el mismo papa siguió protegiendo infatigablemente, hasta dedicarle otras tres bulas, en el plazo de siete años, siendo la primera aquella –fechada en Génova a 21 de agosto de 1405- por lo que, no obstante los estatutos del monasterio, que prohibían admitir estudiantes eclesiásticos extraños a civiles a las lecciones que se dictaban a los monjes de la casa, otorgaba a aquellos poder hacerlo con los oficiales y familiares de la misma. La segunda bula está fechada a 11 de febrero de 1406 en Savona, declarando en ella que Fr. Juan de Boadilla de Rioseco, franciscano, después de haber explicado durante un curso el Libro de las Sentencias en el Estudio General de Sant Fagunt, con todo honor había recibido el grado de maestro en sagrada teología, de manos de Sancho Porta, maestro del sacro palacio; y la tercera – fechada a 24 de agosto de 1411- concede a los monjes de Sahagún, ocupados en enseñar o estudiar, la exención de rezar las horas extrarregulares, que se acostumbraban a rezar en la abadía.

Por la Universidad de Sahagún veremos luchar tesoneramente un hijo de la Villa, quien llegó a ser General de la Congregación de San Benito de Valladolid por dos veces, en el siglo XVI, y que se dijo FR. Diego de Sahagún, al tiempo que Clemente VII la extendía otras dos bulas. Por la primera –fechada a 6 de marzo de 1534- concedía el papa a la abadía que los estudiantes, especialmente los curas de almas que cursaban teología, artes y derecho canónico en la Universidad de Sahagún pudieran percibir los frutos y provechos de sus respectivas parroquias, como si las estuviesen regentando, al tiempo que incide en que los grados obtenidos allí deben gozar de igual validez y prestigio que los alcanzados en Salamanca o en Alcalá de Henares. Y por la segunda – datada en igual fecha y desde Roma- después de describirnos los estudios que se realizaban en Sahagún, como eran los de gramática, retórica, artes liberales, sagrada teología y derecho canónico, más una cátedra de música; después de indicarnos cómo en esta facultad eran a la sazón 30 los sacerdotes seculares que de allí salían peritos en el arte, con lo que el culto divino y el bien de las almas cobraban gran realce, incide en que, debiendo durar los estudios siete años, para obtener los grados de bachiller, licenciatura, magisterio y doctorado, los interesados debían asimismo percibir los frutos de sus parroquias, aunque las regentasen terceras personas, y que siempre el abad debía hacer valer su autoridad y los privilegios de la sede de Pedro para que los títulos alcanzados en Sahagún gozasen de igual valor que los conseguidos en Salamanca o en Alcalá de Henares, defendiendo tal causa por sí mismo o por uno o dos delegados suyos.

Universidad de Sahagún –apenas encomiada por Escalona- de la que se hacen elogios tanto Yepes como Germán García Muñoz, y de la que así finalizamos con palabras de Pérez Úrbel:

“El Monasterio de Sahagún, que había ganado, desde el siglo XIV, títulos y favores de Universidad, continuó con este carácter hasta que se fundó el Colegio de Artes de Hirache en 1615, pasando entonces sus júbilos y sus glorias a los reductos de Navarra”.

(Juan Manuel Cuenca Coloma. Sahagún Monasterio y Villa. 107 a 109)