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| Lo que hoy es tradición un día fue novedad |

| La tradición es la herencia que dejaron nuestros antepasados |
( Revista de Folklore nº 167
año 1.994 Caja España )
... Esto dice la
Primera Crónica Anónima de Sahagún. y es traído a cuento en esta breve nota,
para justificar el que, donde sucedieron hechos tan importantes de la Historia,
perduren algunas tradiciones que forman parte de la intrahistoria en nuestra
región castellana y leonesa. Y que, en una villa que tuvo tantas letras, sean
recordadas algunas “letrillas”.
De estas tradiciones, unas están vivas, pujantes incluso:
tales son las relativas a la subasta de los pasos y las procesiones de Semana
Santa, las fiestas de San Juan de Sahagún, la romería de San Marcos y las
hogueras. Otras colean con poca fuerza: así están las de “correr la tortilla”,
Pastorbono y la feria de San Simón. Y el resto sólo se encuentra ya en el
recuerdo de nuestra generación y en boca y relatos de la gente mayor.
Por seguir un orden lógico, las presentaré en el cronológico
anual.
Y así he de comenzar por la fiesta de San Antón, -el
diecisiete de Enero-, de tanta raigambre en los pueblos agrícolas de la meseta y
aun de toda España.
Junto a la iglesia de San Tirso -una pequeña joya
románico-mudéjar, de ladrillo-, donde paraba la imagen del Santo, se reunía a
los animales (burros y caballos en su mayoría), que eran debidamente bendecidos.
Lo peculiar del caso eran “las vueltas” y “los versos”. A lomos del rocín, y
ante la devota imagen y la concurrencia, un muchacho recitaba la copla y salía
escapado a dar una galopada alrededor del templo. Otro que tal, ocupaba su lugar
y efectuaba la misma cabalgata.
Debió de haber muchos otros “poemas”; aquí solamente puedo dar
fe de un par de ellos, tan poco reverentes como naturales.
1.-¡Oh, glorioso San Antón,
que estás en esa tronera,
con los ojos de cristal
y la picha de madera!
(y el jinete salía, por lo menos al trote, a dar una vuelta a
la iglesia).
2.-¡Oh, glorioso San Antón,
el diecisiete de Enero!
¡Fui a dar agua a mi caballo
y se cayó en el reguero.
Le fui a agarrar por el rabo...
y me tiró un fuerte pedo!
(y ¡otra vuelta!)
El 20 de Enero, fiesta de San Fabián y San Sebastián, se
celebraba en la iglesia de San Juan de Sahagún, una misa en honor de los también
mártires San Primitivo y San Facundo. (No sé por qué, algunas personas mayores
les llaman “los mártires de Gijón”. En rima popular y consonante dicen: Los
mártires de Gijón, / el veinte de Enero son).
En tal fecha, el señor alcalde y la corporación municipal
subían a oír la citada misa. Si el alcalde era primerizo, lo hacían con maceros
y escolta de guardias municipales y de “consumeros”. A su término, y en los
locales del Ayuntamiento, a todos y cada uno de los rapaces de las escuelas
puestos en fila, nos daban dos puñados de almendras garrapiñadas.
El tres de Febrero, día de San Blas, y dependiendo de la
higiene y la fe de cada cual, se llevaba a bendecir una jarra de agua para cada
familia, a la iglesia de San Tirso. El líquido quedaba bendito, metiendo en él
un hueso de San Blas atado a un cordelillo, para su más fácil manejo y
recuperación.
DOMINGO “TORTILLERO”

Así se llama en Sahagún al domingo de Pasión, el anterior al
de Ramos. Ello se debe a la costumbre de pasar los chavales pidiendo huevos por
las casas. Con los pocos o muchos recibidos, las pandillas de mozos y mozas
preparaban tortillas variadas que iban a merendar al campo. A esa excursión se
le decía “correr la tortilla”.
En este día, cada vez con más público y más fuerza, se celebra
la subasta de los pasos que saldrán en las procesiones de la próxima Semana
Santa. Exactamente, lo que se subasta es “la lleva” de unos pasos determinados,
que no de todos. A su tiempo se explicará el por qué.
Los pasos por los que se puede pujar, son los siguientes por
orden de salida a la oferta y, generalmente, también por la limosna que
originan, de menor a mayor cantidad:
-Paso del bombo
-Paso de la trompa
-Paso de las banderas
-Paso del Cristo de los entierros
-Paso de las Cruces cortas
-Paso de la Cruz Grande
-Paso de la Urna
-Paso de la Soledad
Para evitar molestias de la chiquillería importuna, la puja
mínima está actualmente establecida en cien pesetas.
Hasta hoy en día viene siendo habitual que los cinco primeros
pasos no aporten limosnas cuantiosas; sí, en cambio, los tres del final de la
lista. En los últimos cinco años se viene dando por su lleva alrededor de los
veinte mil duros (cada uno).
El ritual de la subasta se celebra en la Capilla de Jesús,
aneja a la iglesia de San Lorenzo. (La Cofradía de Jesús existe desde el año
1652, con bula del Papa Inocencio X, inmortal desde que Velázquez lo retratara,
que concede licencia para su fundación).
Y el rito se ajusta al siguiente canon: el Mayordomo de la
Cofradía, “coram populo”, anuncia, por ejemplo:
-¡Se subasta el paso de la Soledad! ¿Hay algún hermano devoto
que dé una limosna por su santa lleva?
Comienzan las pujas, con el aliciente de esperar al último
momento para elevar la cifra; de los comentarios que ilustran sobre si Fulano
está ofrecido y piensa dar billetes en cantidad; de que este año van a intentar
quedarse unas mozas con tal o cual paso. El ambiente se carga siempre de emoción
y de electricidad de signo diverso.
-¡Noventa mil pesetas! -llegará a ofrecer alguien después de
varias pujas.
-¡Noventa mil pesetas dan / por el paso de la soledad. / Hay
algún hermano devoto que dé más limosna por su santa lleva? ¡Qué buena a la
una..., que buena a las dos...
-¡Cien mil pesetas!, -gritará otra persona. (No se sabe si en
nombre propio o como hombre de paja, intentando sacarlo por menos precio).
-¡Cien mil pesetas dan / por el paso de la Soledad / ¿Hay
algún hermano devoto que dé más limosna por su santa lleva? ¡Que buena a la
una!... ¡que buena a las dos!..., ¡que buena a las tres, y que buen provecho le
haga!.
Más tarde, el adjudicatario hará efectiva la limosna. (Fijarse
bien que no se habla de “dinero”). Estará destinada a reparar túnicas, restaurar
pasos y tableros, pagar al predicador, limpiar y mantener la capilla y sufragar
el convite del Jueves Santo por la noche, lámparas de cera y otros gastos.
LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA
El Jueves Santo por la tarde, después de los Oficios, la
Cofradía de la Vera Cruz saca en procesión un Cristo atado a la columna, otra
imagen de Jesús en el huerto de los Olivos, y dos más de la Virgen: una Soledad
pequeñita y una Dolorosa de cara grande y muy expresiva. Son los pasos que
estaban en la iglesia de San Tirso cuando en ella había culto.
Es una procesión “como todas”: gentes devotas, cantos
penitenciales... un digno término medio. Tras la procesión, ya de anochecida,
tiene lugar “la ronda”. Las autoridades civiles y eclesiásticas, con escolta de
guardias municipales y con dos faroles, pasan por las iglesias donde está
expuesto el Santísimo y allí rezan una estación a Jesús Sacramentado,
debidamente abreviada, ya que lo que cuenta es la buena intención. Finaliza la
ronda en San Lorenzo, la iglesia parroquial. Allí, el Alcalde y sus tenientes
deponen sus bastones de mando ante el Monumento.
Al llegar la medianoche se dan unos tañidos tristes de
campana, y desde lo alto de la torre caen, cubriendo todo el pueblo, profundos y
solemnes, unos largos toques de trompa. Se conmemora así la angustia de Cristo.
Después, los cofrades y las autoridades bajan al trastero de
la Capilla de Jesús y toman un refrigerio, consistente en aceitunas negras
aliñadas con pimentón picante, aceite y vinagre; higos pasos adobados con la
misma salsa y, para beber, limonada.
EL VIERNES SANTO
A primeras horas de la mañana, tras un escueto fervorín al que
asisten las personas asiduas al culto eclesiástico, el Mayordomo sale afuera de
la iglesia de San Lorenzo, va a la puerta principal de la Capilla de Jesús y con
la insignia da tres golpes, espaciados. Desde dentro, el Apoderado abre las
puertas.
Puede que pocos minutos antes le haya dado “la isa” a
algún forastero. Y a mayores, un buen susto, pues la tal tradición consiste en
agarrar al infeliz entre cuatro indinos, por sorpresa, llevarlo en volandas
hasta la puerta, y allí, usándolo a él de ariete, intentar abrirla. Es falso que
apunten con la cabeza de la víctima, como dicen algunas malas lenguas. Los
llevan con los pies por delante.
Dentro de la Capilla, los pasos que fueron objeto de subasta
el Domingo Tortillero, son cogidos por quienes dieron la limosna. Pero hay otros
cinco -grupos escultóricos con tallas de mérito- que hasta hace pocos años han
sido llevados a hombros por los diferentes gremios. Y así; el paso de Jesús
Nazareno -llamado “El Cirineo” por mostrar además su figura- fue llevado siempre
por los hortelanos; el Majito Barreno, por otro nombre “Rodopelo”, a causa de la
corona de espinas que soporta una impresionante talla de Gregorio Fernández, por
los carpinteros; Las Tres Marías, por los quintos; El Caballo [de] Longinos”,
por los pescadores; y El Descendimiento, por los pastores. Por ello, estos cinco
pasos no se subastan.
Como ya no quedan gremios, ni casi menestrales, son
voluntarios los que se arriman a las andas. Al mando de cada grupo va un jefe de
paso, cuya misión será velar por el buen comportamiento, en evitación de alguna
posible gamberrada, y sobre todo, mandar parar y poner en marcha el paso, cosa
que hará con golpes secos y fuertes dados sobre el tablero con un buen canto del
río.
Al llegar la procesión a la iglesia de San Juan de Sahagún,
tiene lugar otro acto bien tradicional y entrañable: “el saludo” que Jesús
Nazareno rinde al Santo local. Los costaleros que llevan dicho paso lo cogen a
pulso -que no a hombros- y en la iglesia, abierta y despejada a tal fin, dan
tres “posas” o reverencias para entrar y otras tres al salir; sin dar la vuelta,
mirando siempre a la imagen de San Juan. Un respeto.
Poco después, ya en la plazuela de San Lorenzo, la procesión
termina. Pero antes de guardar los
pasos en la Capilla de Jesús, les hacen
“bailar” un rato. Antaño los costaleros daban rápidas vueltas en redondo,
desoyendo las órdenes y el cabreo del jefe del paso, y éste giraba como una
peonza, con no poco escándalo de las devotas gentes y con harto peligro. Hogaño
se los mece con un vaivén más ligero, bien acompasado, algo menos emocionante,
pero más sensato.
Y hasta el año que viene. Los pasos son colocados dentro de la
Capilla en orden inverso al de salida, y los cofrades de Jesús reparten a los
costaleros su recompensa: “pan de Jesús” y orujo químicamente puro. El “pan de
Jesús” es bregado, lechuguino o de canteros, amasado con cariño y abundancia. No
lleva añadido ningún asperges, pero el pueblo lo come “como pan bendito”. El
orujo se distribuye a razón de una botella para dos o tres costaleros, pero
rápidamente se reparte entre quienes piden un trago por favor. De tal manera,
que las botellas quedan pronto vacías. A las casas puede que llegue algún trozo
de “pan de Jesús”; pero de orujo, nada de nada.
En el atardecer de ese mismo día, sale otra procesión: la del
Santo Entierro. No se parece en nada a la de la mañana: detrás del paso de la
Soledad, un grupo de personas “ofrecidas” -algunas descalzas-, con candelas en
las manos, le agradece o le pide a la Virgen, y suelta en veces unos lagrimones
tamaños.
Poco antes, dentro de la iglesia, han tenido lugar el
Desenclavo y el sermón del Descendimiento. En San Lorenzo no cabía en esa
ocasión ni un alfiler. En el sermón -quizás el más importante del año- el
predicador se dirigía, emocionado, al pueblo de Sahagún, también emocionado:
-¡Pueblo de Sahagún!, ¡desclavadle la mano derecha, para que
con ella nos dé sus bendiciones!...” Así, a su mando, unos “santos varones” iban
quitándole la corona de espinas y los clavos de manos y pies a un magnífico
Cristo articulado, al que bajaban luego con toda delicadeza y -siguiendo siempre
las indicaciones del orador sagrado- le presentaban muerto, desmadejado, ante la
imagen de su Madre en Soledad. Por fin lo depositaban en la Urna, con el mismo
cariño.
La procesión del Santo Entierro, solemne,
devota y conmovedora, saca los pasos de la Urna -otra joya de talla
barroca digna de verse-, la Soledad y la Cruz Grande. Transcurre en
silencio, entre rezos y cánticos que expresan a ley el dolorido
sentir. Solamente el bombo hace oír cada cierto tiempo su toque
sordo, áspero, siempre con esta misma cadencia:
“bóm-bóm-bóm-bóm-bóm-bómbómbóm-bómbóm”
(Los guiones corresponden a pequeños intervalos de silencio; en
total, cada “pieza” o toque viene a durar unos diez
segundos).
Se hace esta procesión casi tan larga como la mañanera, debido
a que quienes llevan la Soledad tienen a gala hacerlo con muchísima lentitud,
con un perfecto y acompasado balanceo y con la mayor cantidad posible de
paradas. Cuando termina y se guardan los pasos es siempre ya noche cerrada. Como
debe ser
SAN MARCOS, EVANGELISTA
El 25 de Abril, fiesta de este santo, se celebra una misa en
la ermita de la Virgen del Puente (a unos tres kilómetros del pueblo
retrocediendo por el Camino de Santiago, hacia San Nicolás), con procesión
alrededor de la pequeña capilla, y una romería también típica.
El Ayuntamiento -es un decir- obsequia con un bocadillo de pan
y queso a todos y cada uno de los asistentes, grandes y chicos. Es tradicional
comer o merendar en el prado que rodea la ermita, en la misma orilla del río
Valderaduey, y que en el condumio no falten nunca los caracoles. También se
comen avellanas tostadas en abundancia. Los mozos se las ofrecían a las mozas.
Por algo se empieza.
Al atardecer se regresa al pueblo bailando “la Tantáriga”, un
baile tipo jota en movimiento, con abundante meneo de caderas y con una letra de
lo más peregrina: “Ha reñido la tía Modesta / con el hijo [de] la tía Pascuala /
porque los dos querían la cresta / del gallo, que es colorada. / Jó-Jóle / Jó-Jóle...”.
(Curiosamente el reparto del pan y el queso se produce también
ese mismo día de San Marcos, en el pueblo navarro de Caparroso, en la Ribera del
río Aragón).
PASTORBONO
Es otra romería, menos importante, celebrada ésta en el
Plantío, un pequeño soto cerca del río Cea, que está a la salida de la villa por
el Puente Canto, hacia León.
En ese día -el tercer lunes después del Domingo de
Resurrección- las mozas correspondían, también con avellanas, a los mozos. Y al
son de la dulzaina y el tamboril se bailaba de nuevo la Tantáriga.
SAN JUAN DE SAHAGÚN
La fiesta de este Santo, hijo de la villa, taumaturgo y patrón
de la ciudad de Salamanca -nada menos-, la celebra la Iglesia el doce de Junio;
y el pueblo durante una semana alrededor de esa fecha.
Por ser comunes a tantos lugares, nada diré de las “grandes
ferias de toda clase de ganados”, como publicaban los carteles; ahora,
maquinaria agrícola y tenderetes. Charangas, bailes, fuegos de artificio,
corridas de toros, y desde hace algunos años, las inevitables “peñas”.
En el aspecto religioso, novena en la iglesia del Santo, con
Vísperas solemnes el día 11 por la tarde y misa de igual condición el día de la
fiesta. A la salida de las citadas Vísperas, los Mayordomos de la Cofradía de
los Hermanos de San Juan -son tantos, que han de turnarse en parejas-, obsequian
a las autoridades y a los cofrades con un “refresco”, que traducido al romance
paladino quiere decir una espléndida merienda. Hasta hace diez o doce años, eran
inexcusables en esta ocasión unas exquisitas obleas que fabricaban en el pueblo
cercano de Grajal de Campos.
Pero lo más tradicional, han sido -y siguen siendo- los
encierros. Dicho en idioma local: “las vacas”. Tanto es así, que ya desde los
años de la Primera Guerra Mundial, hizo fortuna una letrilla “sacada” por el
maestro Ocejo, don Antonio (personaje popular que, por aquellos tiempos se
asomaba al balcón de su casa, sobre la plaza mayor, y desde allí daba al pueblo
las noticias que fuere menester. También tocaba la guitarra acompañando sus
versos).
La canción dice así: (con música de una mazurca de la época).
En esta población,

muere la función
si quitan las vacas;
no ganarán un “rial”
ni los del ferial
ni los de las “barcas”;
las casas de comer,
bares y cafés
tascas y tahonas,
y hasta San Juan de Sahagún
sacará menos limosna.
Y eso San Juan de Sahagún no lo puede ver (bis: no lo puede
ver)
que las vacas en Sahagún dejen de correr (bis: dejen de
correr).
Si algún gracioso
tiene en su bolso
mucho “parné”,
no quiere vacas,
¡que le den caca
sólo p'a él.
Las vacas eran traídas antaño por esas cañadas de nuestra
tierra, al cuidado de caballistas, desde la misma dehesa de origen. El pueblo
vivía unas jornadas de auténtico sobresalto a la espera de la llegada de los
animales. Se tapaban las bocacalles con carros que las impidiesen escapar en el
trayecto hacia la plaza de toros. Y más de un patoso cobró unas merecidas
patadas en el culo, por soliviantar al personal con gritos y falsas noticias
sobre la proximidad de las fieras.
El mismo día de San Juan se encerraban en un corral las vacas
que se iban a correr por la tarde. Pero antes de comer, recién terminado el
encierro, los mozos iban con las varas al Ayuntamiento, a pedir al señor Alcalde
una “vaca de prueba”. La primera Autoridad la concedía -¡qué remedio!-, y
soltaban una vaquilla. Por la tarde el resto de la manada.
Sigue viva esta costumbre, aunque con salida desde un camión y
con modernas talanqueras.
(Siendo yo rapaz, se escapó una vaca brava saltando por entre
unos carros. Vagó durante quince días dando alarmas y sustos por los pueblos de
alrededor, y fueron a atraparla en el de Valverde Enrique, ya casi en la comarca
de los Oteros. El Gobernador de turno declaró prohibidos los encierros y así
estuvieron durante algunos años. Pero el tótem es el tótem y las aguas -en este
caso las vacas- volvieron a su cauce).
EL RAMO
En la noche de San Juan Bautista, el 24 de Junio, los
pretendientes de una moza -conocidos o no-, escalaban hasta la ventana de su
dama para ponerle un ramo de flores si se podía, de ramas verdes si no,
arrancadas con mano violenta de los huertos cercanos.
LAS HOGUERAS
Las vísperas de San Lorenzo y de Santiago Apóstol, los vecinos
de sus barrios respectivos pasaban por las casas pidiendo trastos viejos de
madera. Con ellos y toda la leña que podían juntar, levantaban una pira de
grandes proporciones. Esa noche se quemaba entre algazara, músicas, y canciones
contra otros barrios rivales:
¡Viva San Lorenzo!
¡vivan sus parrillas!
Y a los del harnal
que les den morcilla.
¡Viva San Lorenzo!
¡viva su retrato!
Y a los del harnal
que les den po'l saco.
El “harnal” era la parroquia y feligresía de San Tirso.
También se quemaba hoguera y fuegos artificiales la víspera de
la Virgen Peregrina, fiesta que se celebra el 2 de Julio, en honor de una
preciosa imagen, obra de una escultora de Sevilla, La Roldana.
LOS VERANEROS
Palabra de hace ya unos cuantos años, y que nada tiene que ver
con los “veraneantes” de hoy en día.
Así se llamaba a los obreros agrícolas de temporada. En
concreto de la que va desde San Pedro hasta Nuestra Señora de Agosto.
En el contrato -verbal, como es caso entre gentes honradas-
casi siempre se incluía la manutención del trabajador. “Tantas pesetas... y
mantenido”, era la fórmula. Y de verdad que bien lo necesitaban, pues las faenas
eran agotadoras.
Con las mieses ya segadas y “apañadas” en gavillas y en
“morenas”, comenzaba el acarreo en plena noche, mucho antes del amanecer. Así,
el sol secaba pronto el poco rocío que las espigas pudieran traer. La trilla
duraba mucha horas; sin interrupción hasta bien entrada la tarde, salvo para la
hora de comer. Si acaso algún rapaz ayudaba un poco llevando durante un rato las
mulas al trote -sin abusar de la tralla-, podían los veraneros echar una mínima
siesta. Terminada la trilla, amontonar la parva y, si daba tiempo, hacer un
viaje y acarrear mies antes de cenar. Había que llevar, además, el ganado a
beber agua y darle pienso y descanso. Como mucho se dormía entre cuatro y seis
horas, y vuelta al acarreo.
Las máquinas segadoras y aventadoras (“limpiadoras” se
llamaron siempre en Sahagún) supusieron un adelanto y descanso importantes.
Antes de su implantación había que aprovechar a la carrera el viento de Burgos,
más conocido como “amarga-cenas”, para limpiar con golpes de bieldo todo el
grano posible. Por fin, con el cereal ya en sacos o en el silo, se empacaba la
paja y se barría la era, para no dejar ni las granzas. Todo valía para pienso de
las gallinas.
Bien venidas hayan sido las cosechadoras.
LA VENDIMIA
Si ya no se trilla, en mi pueblo tampoco se vendimia. En todo
el campo de Sahagún ya no quedará ni media docena de pequeños majuelos. En
lugares cercanos, y con los viticultores agrupados en cooperativas, aún se ven
bastantes viñedos.
La vendimia era también labor muy cansada, si no por el
esfuerzo sí por la duración -de sol a sol-, por el pringue de las uvas, el tener
el lomo doblado tanto tiempo y los chaparrones intempestivos que solían pillar a
las cuadrillas sin refugio cercano.
El otoño hacía el trabajo más llevadero, y las bromas ayudaban
también. La “lagareta” era la más usual, y se les daba tanto a mozos como a
mozas, bien que más a estas últimas. Se buscaba primero una cepa de “tintorro”,
variedad de uva que tiñe muy bien; y sin más, por las bravas, se restregaba con
unos cuantos racimos a la víctima, por la cara y demás zonas que tuviesen la
piel al aire. Si alguien se resistía, peor para él o para ella.
En una sociedad tradicional y poco permisiva, la ocasión y la
broma servían de disculpa para un disimulado y más o menos aceptado magreo,
tendente a comprobar la morbidez de las opulencias de la moza. Más de una
“lagareta” acabó en boda.
SAN SIMÓN
El 28 de Octubre se celebraba una importante feria de ganados
de toda clase. Lo más típico eran los pavos. Los traían en pequeñas manadas de
los pueblos de alrededor: Castellanos, Las Grañeras, Villamuñío, Castrovega,
etc. Venían algo flacos, pero hasta las Navidades había tiempo para cebarlos con
castañas, nueces y buches de salvado. Esos animalejos comen de todo.
(Ver
historia)
LA NOVENA DE LAS ANIMAS
Se celebraba, como es costumbre, a comienzos del mes de
Noviembre, y en la citada iglesia de San Tirso, hoy día ya cerrada al culto.
A los acordes solemnes del órgano se cantaba el:
¡Romped, romped mis cadenas!
¡alcanzadme libertad!
¡Cuán terribles son mis penas!
¡Piedad, cristianos, piedad!
Había además, en una pequeña hornacina engastada en una
columna, un cepillo y sobre él un letrero con la siguiente quintilla:
Si deseas caminar
al divino Consistorio,
aquí, limosna has de dar
para ayuda de sacar
ánimas del Purgatorio.
Algún bigardo escribió sobre el último verso: “sotanas pa' don
Antonio”, que era, naturalmente, un señor cura.
Había otras tradiciones, como la forma de celebrar los
bautizos, que, lógicamente, no tenían fecha fija.
En estas ocasiones, el personal se pasaba un poco de rosca
gritando barbaridades. A la salida de la iglesia, los padrinos y la criatura
regresaban a casa entre saludos, paradas, plácemes y muchos acompañantes. Pero
nada más entrar en el domicilio se armaba una gritería de aquí te espero,
pidiendo a los padrinos que se mostrasen generosos. Les gritaban a coro estas
lindezas:
¡Padrino, goloso, mete la mano en el bolso!
¡Madrina, golosa, mete la mano en la bolsa!
¡Agua y pan, / “cagau” pa'l sacristán!,
¡Agua y vino, “cagau pa'los padrinos!
¡Confites, / melones, / sandías,!
¡Si no tiran confitura, que se muera la “creatura!
Y esto es lo que han dado de sí, mi memoria y las tradiciones
de mi pueblo a lo largo del año.
Autor: Pedro Reyero González
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