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PLAZA DE TOROS

 

Sahagún lleva mas de cuatro siglos vinculado a la tradición taurina. Hay constancia escrita de la existencia y realización de festejos taurinos de distinta índole en el siglo XVII.
Los encierros de vacas, novillos o toros, son una tradición que se ha mantenido con los años. En un principio, por la inexistencia de una Plaza de Toros que pudiese albergar otro tipo de espectáculos y en la actualidad, porque una tradición de tantas generaciones debe mantenerse viva y fresca para que los siguientes puedan seguir disfrutando de ella. Los mozos salían de Sahagún a caballo, en dirección a fincas más o menos cercanas en busca de las reses para los festejos. Entre cuatro y seis días tardaban los mozos en volver a entrar en Sahagún por el Puente Canto, conduciendo a los protagonistas de la fiesta hasta los corrales que se construían a la entrada del pueblo. De allá salían las bestias, recorriendo las calles y callejuelas de la villa hasta llegar a la plaza del pueblo. La Plaza Mayor, anteriormente llamada del Generalísimo y mucho antes de la Constitución, albergaba los tablados y talanqueras que los vecinos construían o mandaban construir, según los posibles de cada uno. Esta improvisada Plaza de Toros artesanal, también acogió faenas y tardes de maletillas y novilleros de las épocas, como Carpeño.
En el año 1909 con motivo de las fiestas patronales, se inaugura en Sahagún la Plaza de Toros, tal y como hoy la conocemos. La crónica de la primera corrida, reseñada en la revista Sol y Sombra, dice así : " El día 12 de junio, día de San Juan de Sahagún, se inauguró en este pueblo una bonita Plaza de Toros, situada al lado  del puente que salva la vía del ferrocarril, tendrá una cabida de unas cuatro mil almas, y un amplio ruedo, con su correspondiente barrera. En la corrida de inauguración se lidiaron cuatro toros grandones de D. Clemente Herrero, de Palencia, por la cuadrilla de Pacomio Peribáñez.
El toro que rompió plaza se  llamó "Puntero”,  y era  negro meano, de  arroban  y  cornipasilfo.- Le  picaron  Cid  y Ronquillo,  Le banderillearon bien,  Carralito y  Fresquito, con  cuatro pares,  y Pacomio, de  café y  oro, le tumbó de una contraria; se sienta en el  estribo y el   toro dobla   a sus   pies  rematándole  Mateito al primer puntillazo, oyendo muchas palmas.-
En los  tres  toros  restantes  (el   primero y el segundo mansos, saltaron la barrera seis  y siete  veces respectivamente)  de los cuales sobresalió el último, Beato con mucha madera en el testuz.- Pacomio se lució toreando de capa; y con el pincho, recetó al segundo de la tarde un pinchazo y media aceptable; al tercero de dos medias estocadas y un descabello a pulso; y al que cerro plaza, de una superior, saliendo enfrontilado y con un palito en el brazo izquierdo.- A este toro le paso de muleta muy bien, y le puso un par de banderillas morrocotudo, llegando hasta la cara paso a paso.- De los picadores, aunque no se necesitó de sus servicios casi, por la mansedumbre de los toros, se distinguieron Cid, Ronquillo y Máximo; bregando y banderilleando Carralito, Fresquito, de Madrid y de Valladolid, y Mateito. La entrada colosal.
El despacho de billetes, que oscilaban entre los 75 céntimos y las 3 pesetas, se estableció en un sitio céntrico, pudiendo el público comprar las localidades en la misma Plaza a partir de las dos de la tarde. Según reza el cartel del evento, "con permiso de la autoridad y si el tiempo lo permite". La corrida empezaría a las cuatro y media, abriéndose las puertas de la Plaza una hora antes y se recordaba en el cartel que los niños que no fueran de pecho debían abonar media entrada.
De igual modo, el cartel anunciador ponía en conocimiento del público, en nombre de la Empresa que "no se dispone más que de ocho caballos, muertos estos se suprimirá la suerte de varas". También se hacia saber que ni novillos ni lidiadores serían reemplazados si se inutilizasen durante la lidia. Se prohibía la entrada a la Plaza con palos y bastones; no se facilitarían contraseñas, por lo que el que saliese de la Plaza debía abonar un billete de nuevo para volver a entrar; y, por supuesto, si llovía, el público no tenía derecho a reclamar el precio del billete si se suspendía la corrida una vez empezada.

De dicha plaza de toros, era dueño don Gabino Ibáñez Testera desde el 14 de abril de 1911, por cesión que de ella le hicieron don Gerardo del Corral y don Santiago Huerta, mediante escritura "pendiente de inscripción en el Registro de la Propiedad, pero testificada su veracidad por testimonio de Jerónimo Alonso Sanjuán, Antonio Serrano, Marcelino Herrero, Joaquín Gómez y Román Conde, ante don Carlos del Valle-Inclán Peña, abogado y notario del Ilustre Colegio de Valladolid. quien es vecino de Sahagún"
"Gabino Ibáñez Testera, vende la plaza de toros de Sahagún a don Julio Font y 42 mas, que la adquieren en ducentésimas partes por el precio de 800 pesetas cada ducentésima parte". De entre cuyos compradores constan los siguientes:

Unos estatutos para la nueva sociedad rubrican las cláusulas por la que debía regirse la plaza de toros de Sahagún bajo aquella administración. Todos y cada uno de los copropietarios habrían de correr - a partes proporcionales con las acciones compradas - en los gastos de su conservación, así como en los beneficios que de las corridas de toros en ella celebradas les correspondieran, formando los 42 copropietarios la Junta General que había de nombrar - cada 1 de enero - una comisión gestora de la plaza, compuesta de cinco miembros elegidos de entre ellos mismos, con titulo de presidente, vicepresidente, vocal, tesorero y secretario. Comisión que quedaba facultada para arrendar o ceder la plaza con las garantías necesarias, así como para contratar cuadrilla, caballos y demás servicios para las corridas de toros, y también disponer las obras necesarias para el buen mantenimiento del inmueble. Pero nunca excediendo los presupuestos aprobados por la junta general.
Plaza de toros de Sahagún que - al parecer - cedieron los copropietario de la misma al ayuntamiento unos 20 años mas tarde.-

Un documento fechado el 30 de marzo de 1934, nos la describe así: " Plaza de Toros que está situada en la Ronda de la Estación y compuesta por anillo, barrera y tendidos, con gradas de localidad cubierta, enfermería, chiqueros, corrales y otras dependencias, con tres puertas de entrada para el público, y dos para el servicio de corrales y chiqueros, más una para la enfermería ".

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