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FERNANDO III EL SANTO

Heredó el gobierno de León de manos de su
padre, Alfonso IX (1230), y consiguió el mandato sobre Castilla por cesión de su
madre, doña Berenguela (1217), gracias a la muerte de su tío Enrique I.
Residente en León tras la anulación del matrimonio de sus padres, a la muerte de
Enrique I de Castilla su madre Berenguela le hace llamar a Castilla y le entrega
el mando sobre el reino. Durante los primeros años de su gobierno hubo de
combatir la revuelta nobiliaria encabezada por la casa de los Lara y la invasión
leonesa encabezada por su padre Alfonso IX, rechazada frente a Burgos.
La herencia recibida supone la unión definitiva de ambos reinos, aunque durante
los primeros años será un foco de problemas. La cuestión está en la cuestionada
legitimidad de Fernando para recibir la herencia de sus padres, pues su madre,
Berenguela, es la heredera directa del trono castellano, mientras que, por otra
parte, su padre Alfonso IX lega su reino a sus hijas Sancha y Dulce, hijas de su
primer matrimonio con Teresa Sánchez de Portugal. La diplomacia desempeñada por
su madre, el carácter conciliador de Fernando y el clima de optimismo generado
por la victoria sobre los musulmanes en las Navas de Tolosa (1212) suavizan las
iniciales reservas que la entronización de Fernando III había suscitado entre
los castellanos. Por parte leonesa, Fernando y su madre Berenguela logran en
1230 la renuncia de las herederas al trono a cambio del pago anual de 30.000
maravedíes.
Resueltas las divisiones internas castellanas, el 30 de noviembre de 1219
contrajo matrimonio en Burgos con Beatriz de Suabia, nieta del emperador alemán
Federico I Barbarroja, uniendo de este modo la casa de Castilla con los
principales representantes del partido gibelino. Tres días más tarde es ordenado
caballero en el monasterio de las Huelgas. El camino está expedito para relanzar
las labores de conquista de los territorios musulmanes, aprovechando el clima de
euforia desatado por la victoria de las Navas y la debilidad del poder árabe
peninsular. En 1224, la Curia de Carrión decide adjudicar todos los recursos
necesarios para la lucha contra los musulmanes, iniciándose un período de
numerosas e importantes conquistas militares. Así, en 1236 se toma Córdoba, una
conquista que va más allá de lo puramente militar por el carácter simbólico de
la antigua capital del califato.
La situación de prosperidad económica que vive el reino posibilita el
lanzamiento de constantes campañas militares, con lo que las conquistas se
suceden. Caen sucesivamente Chillón, Almodóvar, Lucena, Aguilar, Écija, Osuna y
Estepa. En 1243 es tomado Murcia; en 1245 conquista Jaén. Tras un asedio de dos
años, el 23 de noviembre de 1248 es tomada la ciudad de Sevilla, lo que supone
el punto álgido del poderío militar y económico del monarca castellano-leonés.
La conquista de Sevilla, autentica joya del poder musulmán, requerirá por vez
primera de un ataque marítimo y un auténtico despliegue de medios técnicos y
materiales. Así, se prepara una flota en el Cantábrico que asolará la ciudad a
las órdenes del almirante Ramón Bonifaz, evitando además la llegada de auxilio
desde el exterior.
Conquistada buena parte del sur peninsular, la preocupación de Fernando III será
ahora asegurar el control sobre los territorios conquistados y organizar y
estructurar bajo el patrón de asentamiento castellano tanto los recursos como el
espacio anexionados. Para lograr cumplimentar este doble objetivo, se dispone a
organizar un ataque contra el norte de África y establece un sistema de reparto
de las tierras y bienes tomados a los musulmanes entre caballeros y peones
cristianos, con el fin de asegurar la subsistencia de los nuevos pobladores
mediante los recursos necesarios.
Casado en segundas nupcias con doña Juana, hija del conde de Ponthieu, de sus
dos matrimonios nacieron trece hijos. Mandó traducir al castellano el "Liber
Iudiciorum", conocido como "Fuero Juzgo", y durante su reinado se erigieron las
catedrales de Burgos en 1221 y Toledo en 1226. Ya en sus tiempos su mandato fue
considerado modélico, pues logró restringir de manera notable el dominio
musulmán en la península Ibérica y establecer medidas políticas y económicas que
mejoraron las condiciones de vida de sus súbditos. La muerte le sorprendió 30 de
mayo de 1252, mientras preparaba una expedición contra el norte de África. Primo
de Luis IX de Francia, fue como él considerado un hombre piadoso y de profunda
fe católica, por lo que será canonizado en 1671 por el papa Clemente X.
Fuente: arteHistoria